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Tratamiento y ayuda para la vergüenza

Mayo, 2016 .- Se pueden diferenciar dos tipos de vergüenza, una pasajera y  otra crónica. A continuación veremos cómo abordar cada una.

La vergüenza pasajera es parte del crecimiento

La vergüenza pasajera es incómoda y necesaria en el desarrollo y aprendizaje de comportamientos adecuados. Desde el comienzo de la vida del pequeño los padres, parientes, maestros, y la comunidad en general  guían y corrigen sus comportamientos con la intención de ayudarlo a acoplarse  a su grupo familiar y ser aceptado por otros grupos en general.

Los niños están alertos a las reacciones de sus padres, a sus gestos de contento o desaprobación, tono de voz, acciones y lenguaje corporal. Esto les ayuda a entender y aprender reglas que los padres desean inculcarles. Cuando los hijos no siguen estas reglas, los padres tienen maneras de corregir y asistir al pequeño para que el comportamiento deseado sea aprendido. En el momento en que el pequeño siente “la desaprobación” de sus padres él siente una ligera vergüenza que es incómoda y  produce tensión, ausencia de contento.

El pequeño prefiere no sentir esta serie de incomodidades, por consiguiente complace a sus padres ejecutando el comportamiento deseado. En este momento la participación de los padres es indispensable y crucial, su papel es el de ayudar al pequeño a movilizarse de su estado de tensión e  incomodidad a un estado afectivo positivo. El mensaje de aprobación de los padres ayuda al pequeño a sentirse mejor. Así el pequeño internaliza esta experiencia y aprende a regular sus emociones para que cuando crezca pueda manejar su ligera vergüenza, hacer reparación y sentir alivio. Esto ayuda a desarrollar y mantener su autoestima. 

Si lo contrario sucede, si la ayuda de los padres es inconstante o arbitraria, el pequeño internaliza la indiferencia y el rechazo de los padres. Luego, al sentir vergüenza tendrá dificultad en regular sus sensaciones de incomodidad y esto puede resultar en un sentimiento de poco auto valor.

La vergüenza crónica es debilitante 


La vergüenza crónica, por definición, no se atenúa sino que persiste, impregnada en la memoria y en el cuerpo. Es un síntoma de un trauma emocional, resultado de un hecho o una serie de episodios inesperados, repetitivos, crueles e injustos de los cuales la persona afectada no pudo defenderse efectivamente porque lo que estaba sucediendo estaba fuera de su poder, alcance y recursos.

Entre las causas y síntomas de trauma emocional están: acoso laboral, abuso emocional, abuso sexual, físico, violencia familiar, tortura, desastres naturales tales como incendios, huracanes, inundaciones; accidentes graves automovilísticos, problemas médicos los que han causado perdida de habilidad, muerte de un ser querido.

Síntomas:

Vergüenza, pesadillas, uso de drogas, alimentación desorganizada, comportamiento auto-destructivo, depresión, irritabilidad, tristeza, ansiedad, aislamiento, sentimiento profundo de desconexión, insomnio, sobresaltarse con facilidad, latidos de corazón acelerado, dolores físicos, tensión muscular, fatiga constante, dificultad para concentrarse, dificultad para tomar decisiones, escenas retrospectivas intrusas y arbitrarias (como si estuviesen sucediendo en el momento).

Estrategias para mitigar la vergüenza crónica

El paciente que sufre de vergüenza crónica, a fuerza de costumbre, ha llegado a creer en los pensamientos negativos que la acompañan, que indican con una certeza ilusoria que: el concepto de la persona es desmerecedor, sin valor alguno, lleno de defectos, dañado para siempre.  ¡Y QUE TODOS LOS DEMÁS LO VEN ASÍ! 

El cerebro llega a creer esta falsedad pues no distingue entre una experiencia creada intensamente por la imaginación y una experiencia que es real. Cualquier cosa a la que el cerebro pone atención con frecuencia y constancia, será  lo que el cerebro creerá. El cerebro está en constante estado de cambio y así como puede llegar a creer en pensamientos negativos, es posible entrenarlo para que llegue a creer en pensamientos positivos.

Desafiando pensamientos negativos

La vergüenza crónica puede ser mitigada mediante la interrupción y reemplazo de pensamientos negativos por uno positivo aunque inicialmente no lo crea. Para ello se debe identificar y nombrar sus pensamientos negativos y cambiarlos.

Ejemplos:

 “Definitivamente hay algo estúpidamente erróneo en mí, no valgo para nada”.
Cambiar a: Tal vez he hecho esto erróneamente. Tengo la capacidad para aprender de esta experiencia.

“Este error mío indica que soy una imbécil completa”.
Cambiar a: Yo puedo aprender de esta experiencia, tengo la inteligencia para hacerlo mejor.

“El mundo entero sabe que son un fraude total”.
Cambiar a: Necesito hacer una lista de mis capacidades, fortalezas y áreas en las que yo tengo talento.

 “Para qué diablos abrí mi boca, debí haberme quedado callada”.
Cambiar a: Yo puedo aprender a discernir cuales son los lugares en los que mi opinión e ideas pueden ser bien recibidos. Habrá audiencias donde mi opinión no tendrá valor alguno. Ello no cambia mi integridad, dignidad y auto-valor.

 “Mi cuerpo es detestable”
Cambiar a: Estoy aprendiendo a aceptar y a cuidar de mi cuerpo.

Uso adecuado del cuerpo

La vergüenza crónica la llevamos en el cuerpo. Al tomar ciertas posturas y costumbres que reflejan la vergüenza crónica, reforzamos el poder que esta tiene sobre nosotros. Reconociendo los síntomas corporales de este sentimiento, podemos corregir nuestra postura y costumbres, estableciendo que nosotros estamos en control y que podemos manejar nuestras sensaciones.

Síntomas corporales

Cabeza y mirada hacia abajo.

Sensación de auto-asco.

Perdida de energía.

Barbilla escondida hacia la garganta.

Hombros cóncavos.

Columna jorobada.

Nalgas empujadas hacia adelante.

Flacidez de los músculos abdominales.

Respiración limitada.

Deseo de hacerse un ovillo humano.

 

Posición del cuerpo como antídoto a la vergüenza crónica

Sentir sus pies en el suelo.

Levantar la cabeza (instiga emociones de confianza y ausencia de miedo).

Mirada hacia adelante.

Erguir y estirar la columna y espalda.

Poner los hombros hacia atrás.

Pecho erguido.

Abrir la caja torácica.

Respirar sin sentimiento de inferioridad y opresión.

 
¿Cuán a menudo las sugerencias del párrafo anterior deberían ser practicadas?: todos los días. La práctica crea el hábito. Además, es un acto de atención y respeto al proceso de sanación personal.



Patricia Grunauer Spinner 

Más de diez años informando, uniendo y sirviendo a la comunidad hispana de las regiones de

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