Ruedas entre las olas del mar

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Enero, 2016.- San Andrés, una paradisiaca isla, esconde una población vulnerable que no puede disfrutar los encantos del archipiélago como lo hacen los miles de turistas que anualmente visitan este lugar ubicado en el Caribe azul colombiano que ofrece descanso, placer y bienestar.

Estas tres últimas palabras son lejanas para los cerca de 1.600 raizales, manera con la que se define la cultura característica propia del archipiélago, que nacieron con alguna discapacidad física que les aleja de las playas turísticas y los mantiene sobre las ruedas de sus sillas que tropiezan con la arena del mar.


​Esta es la realidad para dichas personas, la cual relata Erika Bent, coordinadora del Programa

de Discapacidad de la Secretaría de Desarrollo Social de San Andrés, quien dice que el objetivo de esta dependencia ha sido fortalecer las cinco fundaciones que trabajan por la calidad de vida de los discapacitados. Dos de ellas se especializan en la atención a niños.

El pasado 1 de diciembre se celebró el Día Internacional de la Discapacidad. Fue un día diferente para María Mercedes de 21 años, quien saltó de la camilla donde nació a una silla de ruedas y nunca ha sabido qué es caminar. Ese día María Mercedes no dejó de sonreír un segundo en cinco horas seguidas de celebración.

La parálisis cerebral con la que nació impactó en los sueños de su madre Mercedes Newball de 52 años quien también vio cómo sus retos se adormecieron junto con el sistema sensorial de su hija. Pero rápidamente estos fueron transformados por otros nuevos, como el de brindar bienestar a María Mercedes cada día de su vida.

Por eso llama la atención ver cómo mientras más nos acercamos, se dibuja aún más nítida la sonrisa de ambas mujeres. Sonríen como si tuvieran el mundo a sus pies aunque es evidente que no tienen la calidad de vida de otras personas. Pese a esto, su sonrisa es mayor y más sincera que la de muchos que se sienten "completos".

"Agradezco a mis jefes quienes me dan el permiso para ir a recoger a mi hija a las 4 de la tarde cuando sale del colegio. No puedo dejarla en la calle. Pero me sorprendo de ver cómo compañeras de trabajo se molestan porque yo recibo este permiso para ir a atender a mi hija", relata Mercedes Newball y ante ese tipo de comentarios “la única respuesta que viene a mi mente es... Estas compañeras de trabajo no son tan completas", añade.

Cuando María Mercedes nació el médico confirmó que venía prácticamente sin vida, sin aire. Si pudiera asociarse con el mundo como lo hace la mayoría de las personas, tal vez no entendería por qué andar siempre en esa silla, si podría estarse enredando entre las olas; pero tal vez lo más difícil de comprender para ella sería explicar el por qué reinan en el mundo actitudes egoístas. Su discapacidad no afecta tanto a su madre cada día, como la actitud de quienes le rodean.

Al iniciar un nuevo año podríamos pensar que todos somos artífices, una parte del rompecabezas de la felicidad del otro. Por ahora el mar seguirá borrando el dolor y trayendo esperanza a estos corazones en ruedas. 


Helen García