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Niagara, Halton, ​and Peel in Ontario, Canada. 

Noviembre, 2014.- Este mes le presentamos a una joven salvadoreña pintora de esperanzas para las nuevas generaciones, quien es un vivo ejemplo de cómo, revestidos de humildad, cada día se puede entrar al campo para jugar el mejor partido dando lo mejor de sí, luchando siempre por una gran razón: “ser feliz a cada momento”.


El solidario palpitar de un corazón salvadoreño

La Unión (El Salvador), es la tierra que parió las islas más bellas de Centroamérica, la que decoró el país con el majestuoso volcán Conchagua, la misma que asoma en sus mares el golfo Fonseca, el cual vigila sus innumerables riquezas fluviales. Esta misma tierra vio nacer y partir de allí a su hija Rocío Reyes, quien emigró hacia el norte huyendo de los tiempos difíciles y dolorosos que dejan las guerras civiles y los conflictos políticos.

“Si bien y gracias a Dios en la ciudad de La Unión se sintió menos el conflicto armado y mi familia no sufrió pérdidas de vida, sí nos tocó vivir episodios en los que nuestra seguridad corría peligro que nos obligaron a salir del país”, recuerda.
Primero vivieron en Estados Unidos, donde residía un tío, sin embargo, luego de 4 años en Dallas sin haber podido legalizase, sus padres decidieron venir a Canadá, donde en ese entonces estaban aceptando refugiados Centroamericanos por la situación que allí se vivía.

Así llegaron buscando el sueño de la paz que proporcionan los países que han evolucionado en temas de igualdad, respeto, tolerancia y flexibilidad. Y precisamente eso es lo que representa Canadá para Rocío, una cuna multicultural, de diversidad racial e ideológica que abre sus puertas a quienes llegan.


Piezas que se juntan para cumplir su misión


Impulsada por ese espíritu de igualdad y bienestar social, Rocío, actualmente cursa estudios para obtener su licenciatura en Ciencias Políticas en la Universidad de Toronto, carrera que la complementará para fomentar la participación cívica y luchar en pro de la defensa de los derechos humanos.

Su trabajo afortunadamente también le ha permitido desarrollarse como promotora del bienestar social. Se desempeña en el departamento de Finanzas y Contabilidad de IKEA pero pronto ocupará una nueva posición en el área de Diseño Gráfico, arte que también le apasiona y domina porque fue lo primero que estudió al culminar la secundaria.

Pero la empresa sueca, más que una fuente de empleo, es parte de su gran “universidad de la vida”, como ella sostiene, porque le ha servido de puente para ejecutar su gran misión social. “Me ha permitido vivir una de las experiencias más enriquecedoras que he tenido tanto a nivel laboral como personal, representar a Canadá como embajadora en su programa de I Witness Global Citizens, en Kosovo”.

Explica que el mismo le permite a los empleados testificar de qué manera la campaña Soft Toys for Education (Peluches para la Educación), la cual ha recaudado más de 90 millones de dólares canadienses mediante la venta de peluches, ha beneficiado con ese dinero a más de 11 millones de niños en 46 países desde el 2003.

“Yo pude ver de primera mano los cambios que se están logrando. Se trata de una valiosa acción que mueve esperanzas para los niños del mundo en condiciones de alta vulnerabilidad, que sensibiliza a los adultos que creen que unidos se puede generar una gran fuerza social de cambio, y nos hace reafirmar que cuando se quiere, se puede”, apunta.
Rocío extiende su vocación servicio en la Asociación Fraternidad Hispana (AFH), a través del trabajo voluntario que desempeña con las comunidades hispanas, especialmente ejecutando el proyecto de “Liderazgo para jóvenes”, cuyo objetivo es bridarles herramientas para motivarlos a fin de incentivar su crecimiento personal y espiritual, al tiempo de reforzarles su compromiso con la comunidad.


La hija de Don Ángel

Para esta joven talentosa, luchadora y emprendedora, su familia ocupa un lugar irremplazable en su vida. Ella es la tía adorada, la que por adopción de su corazón ama y disfruta de sus tres sobrinas, la hermana de Ángel y Aracely, la hija de Don Ángel. Para ella la vida es un constante tributo a su madre, quién al partir de este plano, le dejó una gran herencia: la lucha por sus sueños, el trabajo por las comunidades, pero sobre todo el amor por la vida, disfrutándola con plenitud de conciencia.

“El hecho de que ella no esté me indica que la vida no es nuestra, es un tiempo prestado y no sabemos el día y la hora en la que tengamos que partir, por eso lo único que importa al final es cómo la viviste y qué fue lo que compartiste con los demás. Estar consciente que mi madre falleció a temprana edad, cuando aún tenía mucho por vivir, me hace estar agradecida porque cada día que despierto es un regalo de Dios, por eso tengo que aprovecharlo al máximo y dar lo mejor que pueda”, reflexiona desde el alma.

Rocío es una mujer valiosa y si alguien quiere hacerle un cumplido, no dude en invitarla a saborear una rica sopa de mariscos con tortillas al comal, acompañado de un fresco de horchata.

Y es que así es ella, sencilla pero sustanciosa. Una eterna enamorada de las artes visuales, embajadora de los sueños infantiles, pintora de esperanzas para las nuevas generaciones, diseñadora de obras de arte que hablan de la importancia de comenzar por cada uno desde el interior sin esperar que sean los demás quienes den el primer paso y solucionen todo. Ella es un ejemplo de cómo, revestidos de humildad, cada día se puede entrar al campo para jugar el mejor partido y esa convicción le reafirma que su lucha en Canadá tiene una gran razón de ser: “buscar ser feliz a cada momento”.



Lina María Ramírez

Rocio Reyes: Embajadora de los sueños infantiles