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Hamilton, Niagara, Halton y Peel en Ontario, Canadá

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Reflexiones sobre mi amigo Julio Narváez

Abril, 2016.- El pasado sábado 19 de marzo, partió mi amigo Julio Narváez y como a un homenaje a este valioso hombre quiero compartir estas líneas que reflejan la amistad que nos unió y los tantos momentos que compartimos. Él es para mí, uno de esos regalos muy especiales que Dios pone en nuestras vidas muy de vez en cuando.

Recuerdo que la primera vez que vi a Julio y Lina, su esposa, fue en la Iglesia de Nuestra Señora de Todas las Almas, en Hamilton.  Un amigo común, Luis Lasso nos lo presentó y nos dijo que recién habían llegado de Montreal.  El era Ingeniero Químico y se llamaba Julio.  Estas dos cosas crearon un interés especial en mí, ya que al igual que él, también soy Ingeniero Químico y yo tuve un hermano, unos años menor que yo, que también se llamaba Julio.  La coincidencia del primer nombre, se le agregó casi la coincidencia del segundo nombre, mi amigo se llamaba Julio Hernando y mi hermano, Julio Armando.  Pienso que fue esta cercanía de nombre y la proximidad de la edad entre él y mi hermano que me hicieron indicarle que él seria mi hermano menor. 

Un día compartimos la idea de desarrollar un sistema de desalinización de agua empleando la luz solar.  Después de trazar en un papel el concepto, él diseñó y construyó un pequeño sistema que muy orgullosamente me mostró. Su iniciativa me llevó a invitarlo a trabajar conmigo y fue así que iniciamos el desarrollo de ese sistema.  Al poco tiempo se nos unió otro ingeniero y amigo, Adolfo Salguero. Construimos y probamos que la energía solar podía servir para desalinar suficiente agua para saciar las necesidades básicas de una familia de cuatro personas.  El trabajo que estábamos llevando a cabo nos llenaba de satisfacción y orgullo.

Cuando invitamos a Julio a que nos ayudara en actividades que se desarrollaban en nuestra comunidad, él inmediatamente aceptó y empezó a trabajar en distintas formas.    Muchas veces fuimos en ayuda de personas que estaban llegando a Hamilton que necesitaban transportar muebles, camas y otros menajes de casa.  Julio siempre lo hizo con una actitud muy especial, solidaria y sobre todo, sin ningún otro interés, sino que el de servir.

Pienso que fue como unos cinco años atrás cuando Julio empezó a sentir malestar en el estómago.  Después de visitar al médico y hacerse los exámenes correspondientes, fue comprobado que estaba sufrimiento de Linfoma.  Enfrentó este desafío en su vida con mucha fe y valentía. Cada vez que iba al hospital para algún tratamiento, lo hacía con gran entereza y con fe de que se iba a sanar.  Después de haberse sometido a un trasplante de células madre que habían sido extraídas de su propio cuerpo, los rastros del Linfoma habían desaparecido.  La alegría de la sanación sin embargo fue de corta duración ya que pronto los exámenes médicos mostraban que su enfermedad había reaparecido. 

Después de intentar la sanación a través de un trasplante de su propio cuerpo, Julio tenía la esperanza de la sanación a través de un trasplante de células madre donadas por otra persona.  En búsqueda de ese gran regalo de la vida, nuestra comunidad se movilizó para encontrar al donante milagroso.  Aunque se sabe que se encontró un donante que coincidía con las características de Julio, sabemos que ese donante no fue uno de esos maravillosos jóvenes de nuestra comunidad que fueron a ofrecer sus células madre para sanar a Julio o a cualquier otra persona que las necesitara.

El apoyo de Presencia Latina y de varias iglesias en esta campaña y la respuesta de nuestra comunidad materializada en cerca de 40 jóvenes que llegaron a ofrecer sus células madre es un orgullo para nuestra comunidad y es una obra de Julio. 

Aunque los problemas de salud no estaban resueltos, esto nunca fue un impedimento para que estuviera presente, trabajando y apoyando las actividades que se seguían desarrollando en nuestra comunidad.  Con el martillo o la sierra en la mano, Julio fue unos de los pilares en la construcción de los carros navideños que la Asociación Fraternidad Hispana presentara en el desfile anual de Santa Claus en Hamilton en los tres últimos años. También estuvo presente como voluntario en los campeonatos de futbol, en los picnics, en las fiestas, en las cafés y tantas otras actividades organizadas por la AFH.

El 11 de diciembre del 2015, Julio fue al hospital a recibir las células madre de ese donante anónimo que le estaba dando la oportunidad de la sanación.  Lleno de alegría y optimismo, acostado en una cama del hospital, con Lina y su hermano Juan Diego a su lado, recibió ese regalo de vida. Recuerdo que la enfermera indicó que ese 11 de diciembre seria la fecha de su segundo nacimiento.  Al otro día, Julio y Lina volvieron a su casa.

A la semana siguiente volvió al hospital para un examen médico. Con la misma sonrisa de siempre llegó al hospital donde yo ya lo estaba esperando.  Pero ese día Julio no regresó a su casa, tampoco lo hizo Lina.  Una fiebre había sido detectada y por precaución, fue hospitalizado.  Lina, estuvo siempre con él.  Durante todo el tiempo que estuvo en el hospital, es decir desde el 18 de diciembre hasta el 19 de marzo, su esposa se quedó a su lado para darle el apoyo y ayuda que necesitaba.  

El 19 de marzo, cerca de la 22:40, Julio respondió al llamado de Dios. El legado de un trabajador voluntario, de una persona solidaria, de un amigo confiable y de un gran profesional quedará con nosotros. Como reconocimiento a esta gran persona que fuera Julio en vida, muchas personas de nuestra comunidad hispana y anglo parlantes llegaron a despedirse de él y mostrarle su último respeto en los servicios fúnebres que se le prestaron. Yo, por esas ironías del destino, después de haberlo acompañado tantas veces y haber compartido con él en tantas oportunidades, no me encontraba en Canadá. A través de estas líneas quiero reconocer el gran aporte que Julio hiciera, en tan poco tiempo, a nuestra comunidad hispana de Hamilton; quiero también dar testimonio de esa gran amistad que forjamos y agregar que durante el paso de Julio por Hamilton, él nos dejó ejemplos de vida dignos de imitar. 

Querido amigo y hermano, descansa en paz.



Luciano A. González