​​ The first Spanish Newspaper for the regions of Hamilton, 

Niagara, Halton, ​and Peel in Ontario, Canada. 

Miedo al aprendizaje

Septiembre, 2017. Trabajar con niños conlleva un maravilloso y permanente aprendizaje.

Un día una niña de unos 3 años jugaba con su hermana de unos 5 años; la hermana recorría un camino lleno de obstáculos que a la más pequeña le eran muy difíciles de sortear. Cada vez que enfrentaba uno, hacía sonar un pito que tenemos en caso de que algún niño esté en problemas y necesite ayuda de un adulto. Esta pequeña hacía sonar el silbato a cada minuto, razón por la cual determiné quedarme cerca para ayudarla a recorrer el camino. Frente a cada obstáculo, me estiraba los brazos para que la levantara y parara al otro lado. Eran 6 los sitios que no sabía atravesar sola, los cuales fluctuaban entre barro, troncos, pequeñas bajadas y un pequeño riachuelo. En la vuelta número 3, me di cuenta que podía estar el día entero levantando a la niña seis veces cada vez que hacía el circuito; ella no daba señales de querer hacer otra cosa. Esta situación no parecía buena para mi espalda, pero a la vez no iba a dejarla sola. Entonces vino a mi mente una idea: ayudarla a cruzar sin mi ayuda. Se veía difícil, pero fuimos obstáculo a obstáculo trabajando juntas.

Primer obstáculo: el barro. Abrimos un pequeño camino por el costado, suficiente para que sus pequeños piececitos lo pudiesen caminar, sin caer.

Segundo obstáculo: troncos botados. Hicimos un pequeño espacio entre ellos para que pudiese dar un paso entremedio, lo que impediría que tuviese que pararse sobre ellos y cayera.

Tercer obstáculo: ramas con espinas. Las tomamos y las afirmamos en otras ramas, para que el camino quedara libre de ellas.

Cuarto obstáculo: más barro. Encontramos un espacio por donde ella pudiese cruzar un charco, sin caer en él.

Quinto obstáculo: una pequeña quebrada. Le mostré cómo bajarla sentada.

Sexto obstáculo: un riachuelo. Pusimos rocas para que pudiese cruzarlo, caminando sobre ellas.

Con cada vuelta que dábamos, íbamos solucionando un obstáculo a la vez y practicando. Al principio, ella pasó de pedir que la levantara, a pedir tomar mis manos.

Debimos haber dado unas 10 vueltas de práctica. En cada vuelta, me mantuve a su lado en caso de que me necesitara. Para cuando ya no me necesitó, su alegría era mayúscula. Se fue al lado de su mamá (quien estaba en el sitio, pero cuidando al hermano más pequeño) y saltando de alegría, le dijo: “¡Lo hice sola, di toda la vuelta sola!”. La mamá, muy contenta, atendía a su alegría, sin embargo no estaba al tanto de lo que dar esa vuelta implicaba. De todas formas compartieron abrazos y besos.

Desde ese momento en adelante, la niña no me necesito más. Sin embargo, de vez en cuando me pedía que me mantuviese cerca “just in case”. Ello le daba mayor seguridad, yo lo hacía con la alegría de saber que a sus cortos años ya comprendía sanamente de qué se trataba aprender y, de paso, me lo recordaba también.

Pensé en cómo nuestros procesos de aprendizaje se vieron muchas veces interrumpidos y dañados cuando las personas a cargo de nuestro crecimiento no pudieron desarrollar la seguridad y confianza en sí mismo necesarias para poder tenernos la paciencia que requerimos para florecer. En cómo muchos de nosotros fuimos reprendidos y/o castigados por no saber, o nos pusieron límite de tiempo de espacio para aprender. Esto se tradujo en miedo al aprendizaje y a intentar cosas nuevas, lo que se convierte en una invitación al estancamiento y a la tristeza, pues ¿Qué puede ser más gratificante que enfrentar nuevos desafíos, sin miedo a equivocarnos, con la confianza de que los superaremos a nuestro debido tiempo? Privarnos de este sentir puede llevarnos a creer que somos incapaces.

Llegar a sentirnos inseguros, desconfiados de nuestras habilidades y potencial tomó años formarse y nos puede tomar años también llegar a poder revertirlo. Sin embargo, mi invitación será siempre a intentarlo y a recordar que quienes nos sembraron ese miedo puede que ya no existan, o hayan perdido todo poder sobre nosotros. Debemos trabajar en recuperar nuestra confianza, pues no hay nada más triste que vivir esperando llegar al final de nuestras vidas sin haber siquiera comenzado a vivirla.


Jessica Carrasco