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Maritza Véliz: "Soy sólo una servidora del Señor"

Febrero, 2015.- Un ejemplo de esfuerzo, superación y amor incondicional al prójimo es Maritza Véliz. Una generosa guatemalteca que abrazada a la palabra de Dios, tras 24 años viviendo en Canadá, no ha cesado de dar lo mejor de sí para brindar apoyo a quienes llegan en busca de un mejor futuro a este país llenos de dudas, miedos y necesidades. Además es una diligente promotora del desarrollo de la comunidad a través de valores humanos y cristianos, valores que no sólo inculca, sino que pone en práctica cada día de su vida.


24 años al servicio de la comunidad


La personalidad de Maritza Véliz ocupa hoy nuestras páginas como un reconocimiento a la gran labor realizada por una mujer que hoy es ejemplo de superación, oración, amor y ayuda incondicional al prójimo, amor que la guía para orientar familias y hacerlas formadoras de personas honestas, educadoras de fe y promotoras del desarrollo integral de la comunidad.

Nació en Guatemala, es la segunda hija de tres hermanos de una familia muy humilde y religiosa, un hogar de gente trabajadora. Sus padres se conocieron en la ciudad a donde habían emigrado siendo aún muy jóvenes. Luego debieron dejar su país natal por cuestiones políticas.

“Todos juntos movemos montañas”

“Nos vimos forzados a salir de Guatemala por la situación política, llegamos a Hamilton hace 24 años. Me encanta todo lo de Canadá y le doy Gracias a Dios porque desde entonces nos tiene sirviéndole donde él nos necesita”, recuerda.

Su familia ha sido el apoyo clave en su proceso de formación. “Estoy agradecida por los seres maravillosos que Dios me ha dado. En primer lugar, mi mamá, mi ejemplo de servicio, Juan Carlos mi marido, quien ha estado a mi lado por 30 años, nuestros dos hermosísimos hijos Juan Francisco y Stephanie quienes me llenan con su ternura y amor, mi hermana y su familia y nuestra familia adoptiva en Canadá de quienes recibimos el soporte y calor humano”.

-¿Cuál ha sido el papel de Juan Carlos en tu entrega por la comunidad?
“Todos juntos movemos montañas, somos un equipo. Si no trabajásemos unidos, no podríamos realizar esta tarea. Le agradezco infinitamente a Dios por haberlo puesto en mi camino”.

-¿Cómo es la vida de un emigrante en las condiciones en que ustedes llegaron?
“Cuando llegamos a Hamilton no había tanta ayuda al inmigrante recién llegado como la hay ahora. En ese momento nuestro hijo Juan Francisco tenía dos años y yo ocho meses de embarazo. No existían albergues para familias, así que Juan Carlos residía en el Good Shepherd, único albergue que existía, en la residencia para hombres y Juan Francisco y yo en la de mujeres.

-¿Cuándo lograron reunirse?
“Stephanie nació en ese albergue y gracias a la ayuda de Inés Ríos y Nora López fuimos recibidos en el Convento de San José, y allí ya nos reunimos como familia”.

Por si fuera poco, su espíritu de superación la llevó a las aulas para continuar con sus clases de inglés en el St. Joseph Women’s Immigrant Center a tan sólo dos meses de haber dado a luz. “Luego estudié inglés como segunda lengua (ESL por sus siglas en inglés) en el Círculo de Amigos. Allí conocí a una señora que me pidió la acompañase a la escuela Sir John E. McDonald a pedir información y que le diesen una cita. Cuál fue mi sorpresa cuando la recepcionista me pregunta si yo también quería una cita y sin pensarlo dos veces y le dije que sí. Era la ayuda que necesitaba. Apliqué entonces para Office Administration Executive.

-Cuando tantas personas se quejan de no tener tiempo, de que todo es difícil, vemos lo que debió superar Maritza en su cotidianidad. ¿Cómo hacías para ser esposa, madre de dos niños y estudiar?
“No fue fácil ya que tenía que atender la familia y además el college quedaba muy lejos de donde vivía, tenía que tomar tres buses para llegar. Fue realmente muy duro. Mi esposo me ayudó mucho. Le tocaba trabajar, recoger a los niños en la guardería y luego llegar a la casa, y atenderlos. Pero gracias a Dios y al apoyo de mi familia logré terminar el programa de Office Administration Executive en el Dean’s Honor y soy intérprete certificado por el Gobierno de Canadá”.

“Soy sólo una servidora del Señor”

Definitivamente Dios guía sus pasos. En su generoso tránsito por la vida, según da amor, compasión y apoyo, ella y su familia reciben a través de la misma gente toda la gracia y bendiciones divinas. Y es que Maritza y su familia son el reflejo de tantas vidas llegadas a estas y otras latitudes, con sus miedos y sus necesidades. La sociedad que ella ayuda tanto hoy, es la misma que ayer le abrió las puertas de su casa e iluminó su camino. Además Maritza va guiada por la luz del que es divino ejemplo para la humanidad entera, el maestro de maestros, Jesús. Todos los caminos y todas las situaciones la llevaron a él, y confiesa sentirse portadora de una misión.

“Todos fuimos llamados por Dios por nuestro nombre y nos quiere tal y como somos. La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies, dice la Biblia en el libro de Lucas. Jesús nos entrega una misión que consiste en cumplir un mandamiento: el amor, que se refleja en el servicio, como expresa Juan en las escrituras. El amor crea la comunión y la comunidad”, resalta.

Así es como Maritza para muchas personas de la comunidad es considerada un ángel, ese que aparece en el justo momento que lo necesitas, ya sea con sabias palabras, con el plato de comida que estabas esperando, o llevándote a una cita a la que no puedes faltar.

-En la Tierra hay ángeles enviados para ayudar. ¿Te consideras uno de ellos?
“No. Soy sólo una servidora del Señor”.

-¿Cómo son tus labores de ayuda?
Soy intérprete independiente, voluntaria en dos Iglesias Católicas, la latina y la canadiense, ayudo al recién llegado o quien lo necesite de muchas maneras a integrarse en la ciudad de Hamilton, consiguiendo todo lo indispensable para formar su nuevo hogar. Acompaño a las personas a sus citas (médicas, migratorias, laborales, a abogados, etc.) Una vez por semana voy con las Señoras de la Liga Católica de Mujeres a brindar asistencia en un ancianato.

Es servidora en el Movimiento Familiar Cristiano Católico (MFCC), el cual es de suma importancia para ella, porque a través del mismo se promueven los valores humanos y cristianos en las familias. “Su objetivo es que las familias sean formadoras de personas, educadoras de fe, y promotoras del desarrollo integral de la comunidad y de la Iglesia Doméstica. Jesucristo está siempre presente en nuestras reuniones, Jesús nos dijo: “Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estaré yo en medio de ustedes”. “El matrimonio y la familia cristiana edifican la Iglesia. Los hijos son frutos preciosos del matrimonio”.

-Una de tus grandes satisfacciones es ver a las familias unidas y felices sirviendo a los demás. ¿Qué mejorarías en el ejercicio de tu servicio y qué consejo le darías a nuestra comunidad?
“En mi conducta, humildemente pedir perdón si herí a alguien o alguien sintió molestia con alguna de mis acciones ya que nunca tuve intención de molestar, sino de unir. Del mismo modo, en mi corazón no existen malos recuerdos de nadie. Como consejo a nuestra comunidad, que sigamos adelante poniendo en práctica lo dice en la Carta de Pedro: “Por esta misma razón, poned el mayor empeño en añadir a vuestra fe la virtud, a la virtud el conocimiento, al conocimiento la templanza, a la templanza la tenacidad, a la tenacidad la piedad, a la piedad el amor fraterno, al amor fraterno la caridad”. Y que quitemos de nuestro vocabulario dos frases muy comunes en nosotros “no tengo tiempo” y “no puedo” porque querer es poder.

El sueño de Maritza es que la paz gobierne nuestros hogares, porque así habría paz en el mundo. Es un ejemplo de esa fuerza inagotable que proviene del Padre, fuerza que otorga el Señor a esas personas elegidas para llevar al mundo su obra y su palabra. El Señor, le da tiempo para crecer como persona, realizarse como madre y esposa, cumplir como miembro de su comunidad y llevar a cabo la misericordiosa labor encomendada por Dios: “Ama al prójimo como a ti mismo”.

A Maritza le gustaría ser recordada como un ser humano llena de cualidades, debilidades y discapacidades; pero con un gran corazón que ayudó al prójimo incondicionalmente. Y sabemos que así será. Dios te seguirá bendiciendo amorosa servidora.


Ángel Mila