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Reflexiones de una latina

Por Lina María Ramírez

Mayo, 2015.- Quiero contarles dos historias aparentemente diferentes, en escenarios lejanos, pero con la misma enseñanza.

El viernes santo pasado, un grupo de amigos peruanos, que llevan más de 45 años juntos, hermanos de toda la vida del colegio SS.CC. Recoleta, me permitieron acompañarlos para llevar unos víveres y una nevera que reunieron desde su corazón misericordioso,  para asistir a una familia que fue víctima de las inclemencias del clima, en la localidad de Chosica , provincia  de Lima (Perú),  Un huaico (masa enorme de lodo y peñas que las lluvias torrenciales desprenden de las alturas de los Andes y que, al caer en los ríos, ocasionan su desbordamiento) arrasó, no sólo con un sin número de casas, sino con parte de la familia de Celedonía, una mujer de 43 años que con lágrimas en sus ojos, nos expresaba su dolor de madre, ella no comprendía como sus hijos Misael y Ana María al igual que su nieto Piero habían muerto, ella creía que serían sus hijos quienes la enterrarían, como supuestamente debe ser. Al momento de la entrega se elevó una oración que nos movió las entrañas, quizás jamás podremos entender cuanto puede dolerle a una madre enterrar a sus hijos.

La segunda historia, es sobre mi vecina Janeth, en Antioquia (Colombia), antes de la Semana Santa, a su hija de 22 años le dio una varicela, una enfermedad que pensaríamos que a estas alturas de la evolución de la ciencia nadie moriría por ella. En cuestión de 5 días, Carolina había partido dejando a una bebé de 2 años.  Una madre más que no comprendía desde el profundo dolor de su corazón, como su mejor amiga, su confidente, la niña de sus ojos, partía dejándola con tanta confusión. La pregunta que ella me hacía era: ¿Por qué ella y no yo, no se supone que los hijos entierran a los padres?, yo solo acompañé su dolor en silencio.

Carolina hacia 5 meses había encontrado muerta a su bebe y mi vecina sentía que enterrar a su nieta, era el dolor más grande que había tenido que vivir, pero la vida la volvió a enfrentar con la máxima de las lecciones que puede tener un ser humano y es la “muerte”.

Tal vez es este momento muchas madres en el mundo están enterrando sus hijos, llorando los recuerdos, sufriendo la confusión, reclamándole a Dios, y muchas cosas más.

Dicen los expertos en el tema que no hay un dolor más grande que el enterrar a un hijo.

Por eso quiero hacerles la invitación a todas las madres, que se permitan disfrutar de sus hijos como si fuera el último día, que expresen en palabras y caricias el inmenso amor que hay en sus corazones, que amen en libertad, en total desapego, comprendiendo que los hijos son prestados, y que no es regla de oro que los hijos entierren a sus padres, yo diría que es un privilegio ganado con Dios, es un momento nada más lo que duran los hijos al lado, pero la reflexión más importante que me dejó estas dos historias fue lo fundamental que es día a día fortalecer el espíritu, que es el único medicamento que sana un dolor tan grande como la muerte de un hijo, sólo en Dios se puede superar la muerte. Feliz Día de la Madre.

 

 

Madres que despiden a sus hijos