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Mayo, 2016.- El futbol y las tragedias son espacios que exacerban ampliamente la esencia humana. Invitan a mirar a otros. El primero contagia de alegría, el segundo conduce a la tristeza. Infortunadamente Ecuador fue epicentro del último escenario, un espacio de dolor del cual no escaparon los niños.

Hubo niños que murieron, niños huérfanos y niños héroes.  María Camila hoy es recordada como heroína.

En una esquina del cementerio de Pedernales, una mujer corpulenta pero con un corazón derretido por el dolor, le pregunta a otra señora ubicada en frente suyo por qué su hija tomó la decisión que la condujo a la muerte.

Odilia salió a trabajar a la vía, como lo hace desde que su nació su hijo mayor hace ya 10 años. Dio la recomendación habitual a sus tres hijos de mantenerse unidos y en orden hasta que ella regresara. Odilia se iba tranquila porque su hija de cinco años le contaría si su hermano saldría a jugar durante su ausencia, mientras que la menor de cinco meses, Salomé, dormía plácidamente.

Si la noche iba bien,  las arepas encontrarían dueño en menos de media hora como solía pasar. Odilia sabía que se le partía el corazón al dejar a sus hijos solos, pero ella sentía que si no encontraba quien los cuidara, igual debía ausentarse por ese espacio de tiempo. El puesto de arepas estaba a dos cuadras de su casa. Claro, antes del terremoto.

Solo recuerda que la ceniza que normalmente expide el carbón se confundió con las chispas que salían de las torres de energía.  Todo era caos.  Parecía que el cielo se unía con la tierra. Ella sentía como había olas debajo de la tierra que se movían como las olas del mar, haciéndola caer al piso. Ella intentó llegar a casa en aquellos 40 segundos de horror, pero no lo pudo hacer.

La pequeña María Camila estaba estupefacta en la calle, viendo como las casas caían, en ese momento recordó que en la casa vecina a la suya, había una pequeña de cinco meses, ella veía a los hermanos de la pequeña afuera, pero a la bebé no, por eso no lo dudó, corrió, y logró sacar a la menor, pero al ver que la casa ya se venía abajo, instintivamente lanzó a menor hacia la calle, Ella cayó en los pies de un hombre que corría en ese momento por allí. Hoy Salomé ya tiene 15 días más de vida, pero la pequeña María Camila no logró salir.

Por eso su madre sentada en el andén del cementerio le pregunta a Odilia, su vecina,  por qué su hija tuvo que morir para que Salomé, hija de Odilia, hoy viva.

Se acerca el día de la madre en Ecuador y para ellas, la experiencia del terremoto las dejó unidas para siempre como una moneda con doble cara, vida y muerte.



Helen García
 

Los niños de la tragedia