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Reflexiones de una Latina

Por Lina María Ramírez

Agosto, 2015.- Hay huellas que el deporte deja y que jamás se borrarán por más de que pase el tiempo. A mis 14 años me llamaron a pertenecer a la selección de mayores  de softbol, para asistir a Juegos Deportivos Nacionales en Colombia, los cuales se realizaron en Cartagena. Esa experiencia marcó el comienzo de una pasión que aún no termina. En ese torneo, en el que sólo fui la porrista, conocí el mar por primera vez, hice muchos amigos de otras disciplinas y se sembró en mí el amor por el deporte.

Recuerdo que le pregunté a mi padre cuando me despidió en el aeropuerto, ¿cómo se hace para no tener miedo al ver un estadio lleno y gritando muchas veces en contra tuya?, él en su sabiduría y como buen profesional de futbol, me dijo: “Aprende a aislarte de ese ruido, agudiza tu oído para solo escuchar a tu manager, respira bien y ¡gózate lo que estás haciendo!”.

No era un consejo fácil de aplicar en la práctica, pero hoy después de tantos años, tengo algunas claridades que me dejaron algunas experiencias:

Aprendí que solo nos equivocamos los que jugamos a diferencia de los que están en la banca y así es en la vida, sino nos arriesgamos y no nos movemos hacia el cambio, simplemente nos estancamos y no pasa nada en nuestras vidas, pero si nos la jugamos aunque nos equivoquemos, quedamos con la paz de haberlo intentado y no con la frustración y la duda, de que hubiera pasado si lo hubiéramos hecho.

El deporte me dejo virtudes que forjaron templanza en mi carácter a la hora de tomar decisiones, como sucede en el deporte cuando en milésimas de segundos debes decidir qué hacer y asumir con responsabilidad si te equivocaste o si por el contrario lo hiciste bien. 

Aprendí que el ruido y las críticas del público no tenían que ver conmigo y cuando lograba bloquear los miedos que despertaban en mí, yo era más fuerte y no permitía que me hiciera daño. Recuerdo alguna vez que estábamos jugando en Santa Marta, el estadio estaba muy lleno e íbamos perdiendo y mi técnico cubano grito sin mirarme.  ¡calienta Ramírez!, recuerdo que las piernas me temblaban y pensaba , ¿porque yo?,  anunciaron mi cambio y el público comenzó a chiflarme, me pare a batear y consumí mis tres turnos sin ningún éxito, me retiré del home con el corazón que se me salía del cuerpo del miedo tan grande que tenía, era tan evidente mi estado de ánimo, que el público en su humor negro me gritaban que aún me faltaba una oportunidad, así que me devolví y me pare para volver a batear, solo recuerdo las risas  de la gente y el grito del cubano para que me retirara del campo.  A mis 14 años eso fue una experiencia que genero lágrimas, pero con los años aprendí a jugar para mí y a pararme con seguridad ante el miedo, no es que ya no me dé, es que ya lo puedo mirar a los ojos y asumirlo con valentía.

El deporte ocupaba todo mi tiempo, mi energía, mis sueños, pase mi adolescencia en el estadio, no iba a fiestas porque trasnochar era contraproducente para tener buenos resultados, siempre estaba preparándome para algún torneo. Le agradezco al deporte que me alejó de los malos hábitos, me regaló la disciplina y la perseverancia para conseguir mis metas.

Aprendí que cuando perteneces a un equipo, todos somos iguales, no vale la profesión, el dinero, la clase social, nos ponemos la misma camiseta, cantamos el mismo himno de país o del departamento, nos preparamos  por meses y a veces por años, sacrificando muchas cosas, para competir una semana e irnos para la casa felices, pensando en que nos tenemos que preparar mejor, para la próxima vez.

Tuve malos y buenos torneos, me gané con orgullo algunas medallas y unos trofeos, pero definitivamente lo mejor que me dejó el deporte son mis amigas, con las que aún hablo y recordamos cada partido, cada torneo, cada chiste y cada lágrima de alegría cuando ganábamos y de tristeza cuando nos eliminaban, eso no tiene precio, son las ganancias que quedan en el corazón.

El deporte debería ser la principal enseñanza de los adolescentes y de los niños, es una herramienta que desde el placer, la disciplina, la tolerancia y la responsabilidad, se vive  sano y forja un mejor carácter.


Lina María Ramírez

Las huellas del deporte