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Niagara, Halton, ​and Peel in Ontario, Canada. 

 ​Junio, 2015.- Nos recibe en el cordial ambiente de su casa. De regia personalidad y pleno de sabiduría compartió con Presencia Latina sus profundas reflexiones sobre la familia, el trabajo y la comunidad, a la cual ha dedicado el mayor esfuerzo y tiempo de su vida. Sin duda es un honor entrevistar al profesor Juan Fernández, no solamente en su faceta de intelectual, sino también hoy como padre, en este homenaje a todos los padres en su día.

Abogado en Europa y América, tuvo la oportunidad de estudiar en México y Perú, es profesor de idioma castellano en la Universidad de Brock y un amante estudioso e investigador de la literatura latinoamericana, la cual a su juicio, a excepción de la obra de los grandes,  no ha sido debidamente reconocida en Europa, de allí su pasión y compromiso en el estudio y difusión de estos valores.

El espacio disponible es breve para transmitir toda la riqueza y sabiduría en sus puntos de vista. Iniciamos este encuentro con sus palabras recordando su origen.

“Después de terminar mis estudios de abogado en la Universidad de Madrid, (España) y de ejercer la profesión por un corto tiempo, entré en contacto con la Base Americana de Torrejón de Ardoz, a unos 30 Km. de Madrid, donde se me ofreció una posición como profesor de español para los militares instalados en la Base y sus dependientes. Algo que me abrió la posibilidad de conocer un mundo diferente, ubicado dentro de la España franquista, totalmente independiente de ella, al abrigo de las censuras del régimen y hablando una lengua que ayudaba al desarrollo de una mentalidad libre. Era una isla dentro de un poder autoritario, de fanatismo religioso y de una estructura política que se resistía a desaparecer”.

-¿Cuál fue su impresión cuando llegó como emigrante a Canadá?
“Vine a Canadá contratado para trabajar como docente y cuando llegué la sensación fue que había llegado a la luna. Aquí formé mi hogar. Tuvimos dos hijos varones que nos dieron tres nietos, un varón y dos son niñas. Tenemos también dos bisnietos, varón y hembra. Mis hijos, mi familia en general, son todos extraordinarios, son mi orgullo y entretenimiento. Ellos me hacen volver a vivir”.

-¿Considera que es como observar de nuevo la vida desde un ángulo diferente, donde todo es nuevo y natural?
“¡En efecto! Le cuento una anécdota que lo muestra con claridad: hace un tiempo, mi nieta me pidió que le comprase algo, yo le contesté que no tenía dinero, y la respuesta de ella fue <Si vas al banco, allí te lo dan>. Es la expresión natural del ser que aún no ha sido obligado a reconocer normas, es la etapa en que el dinero <sí nace de los árboles>”.

-Profesor, esa inocencia también se encuentra a veces entre los adultos. Un empleado de una tienda me dijo un día que los pollos no venían de las gallinas, aseguró que los pollos venían de las granjas (risas).


Algo de guerrero y de sacerdote a la vez

Enmarcado en los comienzos de una historia de libertad, estudio, trabajo, familia y progreso. Para Fernández la palabra padre ha sido usada y abusada. “Se habla de padres de la Patria de benedictinos de la Iglesia, y quien sabe de qué más… En la antigua Roma el <Pater Familias> tenía una autoridad suprema sobre los hijos, hasta el punto de que podía descuartizarlos si se le antojaba, cosa que ocurría muy pocas veces, pero estaba escrito en la ley de las 12 tablas.

Yo pienso más bien en la responsabilidad y el amor. Las manos del padre son para acariciar, una vez la relación de amor está establecida la obediencia viene sola ¡mala cosa si se tiene que forzar!

Siguiendo el criterio de Unamuno, <El padre ideal tiene que tener algo de guerrero y de sacerdote a la vez>. Esta opinión requiere una interpretación profunda. Yo pienso que lo básico consiste en el apoyo y seguridad que puede aportar a los proyectos legítimos de los hijos”.

-¿Sabe qué tipo de padre es usted? Me refiero a divertido, amigo, guardián, o siempre tiende a ser muy didáctico, por aquello de llevar el trabajo a casa?
“Creo que un poco de todo, pero no creo en el antiguo refrán que dice la letra con sangre entra, todo depende del momento y la circunstancia”.

-¿Siente que los hombres de hoy están suficientemente comprometidos en la crianza de sus hijos?
“Deberían estar, pero para ello se necesita tiempo y sobre todo capacidad para llevar a cabo su misión. El trabajo abarca demasiado tiempo y el cansancio reina en los hogares, yo diría que cada vez más los padres tienen que confiar más en la sociedad”.



Fronteras en la enseñanza como padre y maestro

Sin bien en ambos roles hay situaciones similares, “la cosa no puede solucionarse cambiándose de sombrero al estilo de los cómicos”, sostiene sonriente. “El padre está en ambos casos ante sujetos que necesitan consejo y que se les dé seguridad. Pero las diferencias son evidentes en clase, estamos ante ciudadanos libres como nosotros. Ante nuestros hijos la situación es más parecida a la de una monarquía, los hijos son súbditos a los hay que defender, como plantea Cicerón”.

-¿Qué ha aprendido de los niños y los estudiantes?
“De los niños aprendemos un amor casi ciego. Un padre tiene mucha dificultad en perdonar una injuria hecha contra su hijo, puede ser violento y buscar una venganza que no se le ocurriría si se la hubieran hecho a él.

De los estudiantes aprendemos más de lo que ellos creen, y sobre todo en la Universidad, donde nos vienen escogidos y preparados. Las clases son con mucha frecuencia agradables y divertidas. Las repuestas con chispa son más frecuentes de lo que parece".

-¿Una frase para los padres y para los maestros?
"A los padres les diría yo que se relajen, que miren a sus hijos como amigos que les ha dado la naturaleza junto con el derecho a disfrutarlos con fruición. Decía Cicerón que la amistad puede perderse, mientras que los lazos familiares permanecen toda la vida.

A los maestros les digo que se piensen en el gran privilegio de que disfrutan y que de alguna manera nos hace inmortales al contribuir en el progreso de la humanidad de forma directa”.


El tiempo se hace corto y la amena conversación se termina no sin antes preguntarle cómo disfruta su tiempo libre. “Los invierto en pensar y mirar las diferencias que hay entre las cosas, nunca me quedo solo. Esa es la venganza del intelectual, a todas partes le acompaña su mente. Leo mucho mis autores favoritos como  Vargas Llosa, Fuentes, Rubén Darío y muchos otros latinoamericanos extraordinarios. Y lo paso muy bien, de maravilla con mi familia, los hijos, con los pequeños...”.



Ángel Mila

“Las manos del padre son para acariciar”