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Julio, 2015.- Crecemos en hogares donde la comunicación entre los miembros de la familia es intermitentemente buena, a veces bastante mediocre, algunas veces hiriente y otras veces atropellante y capaz de dejar huellas para toda la vida.  La comunicación a nivel familiar durante nuestro crecimiento forja nuestro comportamiento de adultos pues somos producto de la historia de dónde venimos y nos comportamos de acuerdo a las ADAPTACIONES cognitivas y  emocionales que tuvimos que hacer durante nuestro crecimiento. Basado en aquellas adaptaciones establecemos un sistema de comunicación con los demás que puede no ser el más adecuado cuando salimos del núcleo familiar donde crecimos.

Entendiendo la razón de nuestras adaptaciones y con deseos de mejorar la comunicación con nuestra pareja y nuestros hijos, es posible crear nuevos guiones y esquemas saludables de comunicación.

Para empezar a entender la razón de nuestras adaptaciones es importante saber que desarrollamos diferentes formas de comunicación con las personas que nos criaron. Por ejemplo, establecemos una forma de comunicarnos y de ser con nuestra madre, otra con nuestro padre, otra con nuestra abuela y así sucesivamente. La combinación de estos estilos de comunicación es lo que usamos para comunicarnos cotidianamente. Particularmente cuando apreciamos y opinamos sobre el comportamiento de nuestros seres queridos, incluyendo nuestros hijos.

Para el desarrollo saludable de nuestros hijos, como padres debemos saberlos apreciar debidamente. Según el psicólogo Americano Harville Hendix, desde el momento en que un bebé nace, entra en un  PROCESO DE APRENDIZAJE y  ejecución de tareas y etapas indispensables para el desarrollo normal. Estas etapas son: apego, exploración, identidad y competencia. 

Apego: los padres proveen la garantía de cuidado, son tiernos, envían mensajes claros de que está bien ser auténtico. Así el niño se siente protegido y seguro de sí mismo.

Exploración: el niño puede explorar su alrededor con supervisión adecuada, mantiene su curiosidad intacta, se siente seguro de ser diferente, querido y protegido.

Identidad: los padres 'pueden verlo' por lo que el niño es, se le es permitido ser él mismo con límites, así el niño se siente seguro de sí mismo y protegido.

Competencia: Los padres guían con amabilidad, usan disciplina justa sin causar dolor, se le apoya para que sea capaz, efectivo y talentoso.   

Cuando hacemos un acto de apreciación debidamente estamos contribuyendo al desarrollo saludable de las etapas mencionadas. Este acto de apreciación lo hacemos por medio de la observación y comentarios. Es necesario concentrarnos para escuchar debidamente y tener la paciencia para ver lo que está sucediendo EN LUGAR de lo que quisiéramos que fuese.  Es un acto de reflexión y no de reacción. El apreciar debe de ser un mensaje POSITIVO, libre de NEGATIVIDAD (libre de crítica, culpabilidad y ridículo). La mejor entrega es con una mente abierta.

Es recomendable practicar apreciación genuina diariamente, hacia usted mismo y hacia los demás. Esta práctica ayuda a la formación de apegos saludables y además incrementa el auto-valor. Para concretar lo explicado, observemos los siguientes casos prácticos donde se puede observar la diferencia entre apreciación positiva y negativa.
 
Ejemplo 1:

Un miembro de su familia está de vuelta de compras y no pudo encontrar la prenda o traje deseado. Llega a casa con mal genio, agotado y descontento.

Qué decir:
Con una mente abierta, uno puede decir: “Me he dado cuenta que has usado tiempo y dedicación para buscar aquella prenda. Te oigo que no la pudiste encontrar. ¿Trataste de encontrarla verdad? Me imagino que trataste de hacer lo mejor. ¿Qué otros planes tienes para obtenerla?”

Qué no decir:
Con una mente cerrada, uno puede decir: “Seguramente no te fuiste a los almacenes que te sugerí, si lo hubieses hecho como te dije ya tuvieses las prendas que necesitas. No escuchas!”
 
Ejemplo 2:

Finalmente su pareja completa una tarea (la cual debería haber realizado hace 3 semanas. Usted está un poco descontento con ese atraso.

Qué decir:
“Noto que te las arreglaste para terminar la tarea, ¡qué bien!”

Qué no decir:
“No esperes que yo te agradezca, esto deberías haberlo terminado hace mucho tiempo. ¡Siempre dejas las cosas para después!”

Ejemplo 3:

Su hijo/a trae un ensayo calificado con una nota alta, digamos un 95%.

Qué decir:
“Esa calificación indica que has hecho un buen trabajo, ¿has hecho un esfuerzo verdad? Estoy orgulloso de tu esfuerzo”.

Qué no decir:
“¡Es que eres brillante!.. ¡Tan talentoso!.. ¡Eres el mejor!”

 
 

 

Patricia Grunauer Spinner (Psicoterapeuta)

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Habilidades de comunicación para apreciar debidamente a la familia