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Hamilton, Niagara, Halton y Peel en Ontario, Canadá

 The first Spanish Newspaper for the regions of Hamilton, 

Niagara, Halton, Kitchener, ​and Peel in Ontario, Canada. 

Febrero, 2016.-  Mucho antes de convertirme en madre comprendía que la crianza que recibí, había dejado más aspectos negativos que positivos. No me tomen a mal, yo era una persona honesta que trabajaba y luchaba a diario de la mejor forma posible por subsistir. Estaba llena de buenas intenciones y buenas acciones; sin embargo, me daba cuenta que mucho de lo que hacía, decía y pensaba , estaba basado en el miedo y/o la culpa, también en una profunda necesidad de aprobación y en un intrínseco vacío emocional que no parecía llenarse con nada. 

Entonces, a pesar de que por fuera todo se veía bien, por dentro la fotografía estaba muy lejos de ser perfecta.
 

Cuando mis brazos sintieron el cuerpo pequeño de mi hija y mis ojos pudieron ver su inocente rostro, supe de inmediato que no querría que ella se sintiera como yo cuando creciera. El día en que nació sentí que los secretos de la vida se revelaron a mí, pues nunca había experimentado emocionalmente la visión de un ser nuevo como una hoja en blanco en la cual yo escribiría una historia, una nueva historia. En ese momento supe que querría dar lo mejor de mí, pues tenía en mis manos una nueva oportunidad de ser feliz al darle a ella la posibilidad de serlo también. Pero, como siempre, ésta era meramente una de mis tantas buenas intenciones, pues en el fondo no sabía cómo haría algo distinto a lo único que conocía.

Las buenas intenciones no daban resultados, porque la falta de sueño y la soledad hacían estragos en el día a día, y cuando volteaba a buscar consejos en las persona más experimentadas que conocía, ocurría que todos estaban cargados con la misma vieja información: “si la tomas en brazos la vas a mal acostumbrar”, “tienes que ponerle horario”, “déjala llorar”, “ponla a dormir en otra habitación”,  etc. Entonces se me ocurrió una idea; si esto es lo que ellos habían hecho conmigo y no había sido un aporte a mi vida, yo haría todo lo contrario. “No la tomes en brazos” me decían, entonces yo comencé a cargarla el día entero. “Ponle horario para el pecho”, y comencé a darle pecho a desparpajo en vez de dejarla llorar. “Ponla a dormir en otra pieza”, y la puse a dormir a mi lado; en fin, respondí cariñosamente a todos sus reclamos.

El primer año todo esto funcionó hermosamente, sin embargo, cuando comenzó a crecer y a hacer sus cosas de niña pequeña, los nervios se me comenzaron a alterar, no sabía cómo controlarlos, y no había un superhéroe a mano que me pudiese ayudar con algún consejo.

Muchas veces respondí desproporcionadamente a las acciones de mi hija, pero cada vez que lo hacía me preguntaba: ¿es esto lo que quiero para nuestra relación? Como era esperable, la respuesta fue: “no”, entonces decidí mirar un poco más arriba y recurrir a la ayuda de los expertos. Así fue que me encontré con mucha información inapropiada también, pero de pronto aparecieron algunos autores que abrieron mis ojos de tal forma que nunca se volvieron a cerrar. Entre ellos está Alice Miller, que vino a confirmar todo lo que yo había sospechado en relación a cómo una infancia de castigos y/o maltratos había afectado mi humanidad. También encontré a Gabor Mate quien me enseño acerca del desarrollo cerebral y de las adicciones. Luego, Daniel Segiel quien me aclaro de qué manera nuestro cerebro se desarrolla en relación a los métodos de crianza que recibimos. Además descubrí páginas como “Teach Through Love” que me daban nuevos métodos de crianza. Por otro lado, encontré “Natural Child Project” y un sinnúmero de otros hermosos lugares donde la información abundaba en relación a técnicas más avanzadas (que eran realmente las técnicas que usaban nuestros milenarios antepasados) para criar seres humanos sanos y felices.

Hoy, después de 7 años de práctica, con más aciertos que errores, puedo decir que trabajar en estudiar para mejorar la relación con nuestros hijos, funciona. En mi caso, no sólo para mi hija, sino también para mí, porque puedo ir a mi cama y dormir tranquila sabiendo que no estoy perjudicando al ser que más amo en este mundo
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Jessica Carrasco



 

 

Estudiar para criar