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Abril, 2017.- Los gestos y expresiones son cruciales, tienen un impacto en usted y en los demás.

Desde que nacemos estamos neurológicamente programados para responder a la expresión emocional de la cara humana. A los bebés cuando se les muestra dibujos de rostros o caras emotivas responden con interés. El interés de los bebés merma notablemente cuando los dibujos dejan de parecer rostros o caras humanas.

Desde la niñez aprendimos a estar conectados con los gestos faciales de nuestra madre. Así, pudimos responder a una situación potencialmente peligrosa de acuerdo a la expresión en la cara de la madre. Si la cara de la madre refleja temor, el niño se asusta. Si la cara de la madre está relajada, el niño actuará como si estuviese a salvo. Se concluye que los seres humanos estamos equipados para responder a la expresión de los rostros.

Nuestra sensibilidad a la expresión emocional en un rostro es suprema. Por este motivo, aunque no nos damos cuenta, estamos constantemente observando y en alerta a los gestos faciales. Nuestra seguridad depende de nuestra habilidad para interpretar los gestos faciales. Nos sentimos seguros cuando nos damos cuenta que el rostro indica aceptación. Así, concluimos que no hay rechazo o peligro y podemos ser nosotros mismos.

Debido a la importancia que tienen las expresiones, debemos controlarlas de manera responsable. Esto puede ser un desafío cuando estamos enojados. En estos momentos, ¿cómo podemos ser genuinos y expresar lo que sentimos, sin intimidar o avasallar? Es posible.

Ejemplo:
Usted es un padre de familia trabajador, ha pasado una serie de circunstancias difíciles en la vida pero aun así se sacrifica por darle lo necesario a su familia. Uno de sus hijos, debido a circunstancias históricas de apego, se siente enojado, mal servido y no amado por usted. Este hijo se queja de su valor como padre, este hijo siente dolor en su relación con usted. Como padre, ¿cuáles son sus emociones difíciles? Posiblemente enojo, tal vez rabia y frustración pues piensa que este hijo no puede ver sus esfuerzos, lo ve ingrato.

Respuesta no recomendada                  

Su rostro refleja desprecio (escondiendo su dolor). Se pone a la defensiva, vocifera, insulta y avasalla a su hijo con la prepotencia de su poder de adulto y de autoridad.

Respuesta / conexión adecuada

Su rostro manifiesta descontento y preocupación de que no es entendido por su hijo. Al mismo tiempo se da cuenta que su hijo está dolido y no tiene recursos para atender las necesidades que él quiere que usted resuelva. Sería beneficioso si, como mentor, guía y autoridad, dice algo como lo siguiente:

“Lamento que estés tan descontento con lo que te puedo dar. Me duele ver que lo mejor que hago para ti en este momento no es suficiente, lo siento”.

Es relativamente fácil mostrar emociones positivas tales como contento, satisfacción, alegría, y ocasionar un impacto positivo en los demás. Manejar nuestras emociones difíciles, requiere más habilidad y capacidad. El no tener una conducta hostil hacia nosotros mismos y hacia los demás, es difícil cuando nuestro apego está fracturado o herido. Esta habilidad se la puede desarrollar lentamente y con práctica. Ideal es tener una guía, un mentor, sesiones de terapia, experiencias grupales conducentes a crecer y sanar.


Nuestro deseo es estar en un ambiente donde podemos ser nosotros mismos y sentirnos seguros, ello tiene implicaciones psicológicas de gran importancia. Si le damos rienda suelta a las emociones difíciles y las representamos en nuestros rostros sin importarnos su impacto en los demás, de seguro traerá dificultad y sufrimiento en sus relaciones pues la expresión de emociones negativas en su rostro comunica su actitud hacia los demás y podría causar reactividad en el otro. Si esto se repite a menudo, el ciclo de sufrimiento se volcará crónico. Por ello, para poder mejorar comportamientos que son hirientes y no fructíferos es necesario aprender ciertas funciones tales como:

- La regulación de las emociones.
- El control de la atención.
- La habilidad de darnos cuenta de lo que estamos sintiendo.
- La habilidad de darnos cuenta lo que está sucediendo en la otra persona.
- La habilidad de reconocer que lo que nuestro rostro refleja impacta a los demás. 

A estas funciones se les llama capacidad de mentalizar, es decir, darse cuenta qué está sucediendo dentro de nosotros mismos y en los demás. Es necesario aprender y practicar a:

- Identificar lo que pensamos sobre aquella persona y situación en la que estamos involucradas.
- Identificar la emoción sentida.
- Identificar el lugar en su cuerpo donde aquella emoción está ubicada.
- Identificar lo que su cuerpo siente.
- Identificar sus intenciones para usted mismo y para el otro. 

Para resumir, si su expresión se ilumina con contento cuando su hijo o hija o pareja entra a su habitación, ello expresa mucho más de los que las palabras podrían decir acerca de cómo usted se siente hacia de ellos. Si su expresión es de desprecio, indiferencia o desdén, sin articular palabras, usted comunica ello a sus seres queridos. De aquellas expresiones, tendemos, a menudo, a concluir y derivar nuestro auto concepto, auto-imagen, y creencias acerca de nosotros mismos. Todas estas imágenes faciales muchas veces generan sentimientos difíciles, creencias dañinas y distorsionadas sobre nosotros mismos. 

En el plan terapéutico, estas imágenes y rostros que usted recuerda, son un material de trabajo. Parte de la tarea (del cliente y la terapeuta) es el de descifrar estas imágenes, rostros y eventos por medio de un enfoque clínico eficaz. La meta es el de fomentar ayuda, cambio transformativo de aquellos sentimientos y creencias avasalladoras. Parte de esa meta es crear nuevos comportamientos y creencias positivas que puedan ayudar a la persona a tener una vida mejor.

Para concluir, les comparto dos reflexiones aplicables a la expresión responsable de nuestras emociones: 

“¿Quiénes somos? ¿Nos medimos por medio del impacto en los demás? Somos la suma de la influencia y el impacto que ocasionamos en nuestras vidas y en los demás”. Carl Sagan. 

“Lo que hacemos por los demás tiene un impacto directo en cómo nos sentimos acerca de nosotros mismos”.  Simon Sinek.


Patricia Grunauer 

El poder de la expresión en nuestro rostro