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Dejando nuestros cordones umbilicales 

Enero, 2017.- A los 14 años juró llegar a ser una gran esposa, a los 21 se prometió ser la mejor madre, a los 24   empresaria, pero a los 28, las puertas de la cárcel truncaron sus sueños, sin haber pisado nunca el carril  de lo indebido.

Todos tenemos anclas en la vida que nos hacen sentir que poseemos lo ideal y que vamos por el camino adecuado. Cuando algo interrumpe ese estado quedamos sin aire en el alma deseando nunca desapegarnos de lo que llamamos "nuestra vida" anclada a lo que nos da seguridad, a esos  "cordones umbilicales" que nos sostienen fijos en el planeta.

La frase "usted ha cometido un delito federal y debe ir a prisión", nubló el panorama de Marta Socarrás, una hermosa mujer cuya vida era tan "libre" como las ondas de su hermosa cabellera.

Indocumentada, en Estados Unidos, pero con un excelente hogar y  dos hijos, fiel a su lucha por sacar adelante su negocio de servicios en salud, se veía ahora tras las rejas. Si alguien le hubiera dicho que era ilegal promover servicios de salud a través del mercadeo, en Estados Unidos  nunca habría pasado.

Al conocer al primer y único novio de su adolescencia y conquistar la relación de sus sueños, decidió casarse con él e irse a vivir al país de la conquista de los últimos siglos. Al llegar allí empezó la lucha del emigrante que quiere parir éxitos luego de saltar montañas de obstáculos.

Su gran logro fue haber enrutado a su esposo en el camino de los medios de comunicación donde encendió la luz para que él brillara. Así mismo Marta inició un próspero negocio en servicios de salud.

El negocio crecía  arrojando cifras económicas admirables y también regocijo para ella sabiendo que estaba brindando bienestar a muchos.

La pregunta: Usted hace mercadeo para promocionar sus servicios, le pareció lo más sencillo de responder.  Ella dijo “si”.

Ese “sí” transformó su vida para siempre. El funcionario del Estado le confirmó que ella había incurrido en un delito.

Las consecuencias no se hicieron esperar. El Estado le dio dos meses para presentarse en una cárcel para pagar el precio de su inocencia.

Sólo dos meses faltaban para cumplir el dictamen judicial. Ese fue el tiempo perfecto para que ella y su esposo nadaran juntos en un océano de promesas como dos peces enamorados.

Claro que él la esperaría, que cuidaría devotamente a sus hijos, que sería "como hasta ese entonces" un fiel esposo, que por las cuentas económicas no habría de qué preocuparse. Hoy ella sabe que todo fue una ilusión. 

Quiso tomar una fotografía al llegar al penal. Ojalá hubiera podido tomar la foto porque nunca más pudo seguir conservando el cordón umbilical de su vida como hasta ahora lo tenía.

Tal panorama tan negro solo podía verse contrastado con la noticia de que estaba embarazada. No había ingresado sola a la cárcel.  Al verse uniformada, acompañada de reclusas de diferentes países, blancas y negras intenciones, comprendió que en el dolor, todos somos iguales.  Esa fue una de las grandes lecciones de su nueva vida. Todas ligadas al nuevo cordón umbilical.

Dar a luz esposada fue una de las experiencias más dolorosas de su vida.  La ruta de la humillación ya no podía tener más kilómetros.

Qué equivocada estaba. Así se lo demostró una revista de farándula. Su amado esposo y sus promesas ya compartían vida con una nueva esperanza de carne y hueso, mientras que ella la compartía con los barrotes. Ese día reconoció que él tuvo muchos alicientes diferentes a ella, pero era incapaz de reconocerlo.

Si, perdió todos sus cordones umbilicales: Prestigio, hogar, trabajo, dinero, salud, ilusiones, libertad.  Pero fue ese día en el que la vida le dio ese listado de pérdidas, que viró  a su derecha y vio encima de su cama unas letras que cambiaron su vida hasta el día de hoy.

Dios le dijo a través de un libro milenario que sería su esposo desde ese día y que toda humillación sería cambiada por redención.

Sólo eso explica cómo un juez le dio no solo la libertad sino también la ciudadanía Estadounidense cuando aún en sus pies todavía tenía los grilletes.

Pero, ¿a una ex-reo y latina? SÍ. Fue duro perder todos los cordones umbilicales, pero ahora sabe que eran de hule, por allí no fluía verdadero alimento. Hoy tiene una vida nueva. Su historia ha inspirado a muchas mujeres quienes no han podido soltar falsos cordones umbilicales. Viaja por el mundo inspirando a muchas de ellas para  descubrir su verdadera esencia y propósito en la tierra.

Aún en la cárcel ella aprendió que se es más libre cuando el cuerpo, el alma y el Espíritu no tienen ataduras terrenales que les limiten.Los cordones umbilicales que perdió nunca volvieron a enlazarse pero ahora tiene uno indisoluble que llena su vida, ser fiel al que siempre le fue fiel y hoy lleva su verdad por el mundo. Ese lazo nunca se romperá y la mantiene “libre de toda herida del pasado”, dice con una linda sonrisa Marta, agitando su siempre libre cabellera.


Helen García