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Crianza

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Octubre, 2017.- Criar no es tarea fácil, lo sé, sobre todo cuando uno no quiere repetir ciertos patrones aprendidos desde la propia infancia, los cuales sabemos nos causaron dolor. Sin embargo, todo lo vivido en esos días se termina convirtiendo en la única herramienta que acarreamos con nosotros para el futuro y para hacerle frente a nuestra misión de educar a la siguiente generación. Entonces, por mucho que uno lo quiera hacer de manera distinta, cuando el momento clave llega (hijo con rabia, berrinche, llanto, agresividad, etcétera), terminamos reaccionando de la misma forma (o muy parecida, al menos) que lo hicieron nuestros padres. Esto nos da la idea de que no existe otra forma; de que no somos capaces de ser mejores y, lo que es más, nos termina convenciendo que nuestros padres tenían razón al criarnos de la manera en que lo hicieron. A este escenario se suma que, al mirar a nuestro alrededor, nos encontramos con que la mayoría cría de esa misma manera, lo que nos viene a confirmar el pensamiento anterior. Pues bien, si este es el sentir, sólo una cosa puedo agregar; si luego de gritar o castigar a sus hijos usted no se siente bien, es porque algo dentro de su ser sabe que hay otras posibilidades, sólo que nos las conoce aún.

Lo que hacemos con nuestros hijos corresponde a hábitos aprendidos y los hábitos no son más que repeticiones de tácticas o estrategias que hemos observado o que nos han sido impuestas en el pasado. Éstos pueden, es más, “deben” ser cambiados para poder obtener resultados distintos. Podemos preguntarnos, por ejemplo: ¿Qué es lo que quiero que mis hijos aprendan, a temerme o a respetarme? ¿Qué es lo que quiero que mis hijos hagan en el futuro, que frente a sus problemas confíen en mí o que recurran a sus amigos, porque temen a mi reacción?

En lo personal nunca confié ni tuve respeto por alguien que me golpeara o abusara; lo que si tenía era mucho miedo, el cual me llevaba a mentir y a hacer cosas a escondidas, pues no entendía las razones detrás de los castigos, aunque me las explicaran. Este fenómeno ocurre porque, al ser castigados, el cerebro cae en estado de estrés agudo cerrando las puertas a la lógica y la razón. Por eso, castigo y aprendizaje no van de la mano. Para ejemplificarlo: piense en las posibilidades de escuchar alguna instrucción estando parado frente a un león que le puede atacar en cualquier momento. Esto es, literalmente, lo que uno siente siendo pequeño cuando sabe que va a ser castigado.

Es importante comprender que los hábitos que acarreamos tomaron décadas en formarse y todo cambio requiere de tiempo y paciencia. Por lo que es crucial ser compasivos con nosotros mismos.

Un ejemplo corto: mi hija no quería vestirse para salir de la casa a una reunión importante, pues quería hacer algo distinto. Entonces le di la alternativa de venir con pijamas, cosa que a ella no le gustó, por lo que se cambió de ropa y me siguió zapateando. Durante este proceso, siempre logré verla como a una niña indefensa sin herramientas y sin posibilidad de hacer lo que quiere hacer. Al lograr ponerme en su lugar, pude mantener mi sentimiento de compasión por ella, desde el principio hasta el final. Ella, al ver que su madre no perdió la calma ni el amor, prontamente volvió a la normalidad y el enojo se le pasó. Cuando el enojo se le pasó, le expliqué las razones detrás de obligarla a venir, ella las comprendió, y el hecho no se volvió a repetir.

Muchos piensan que la crianza con respeto,  empatía y diálogo implica darle en el gusto al hijo en todas sus demandas. Esta asunción dista mucho de la realidad. La crianza descrita anteriormente implica, simplemente, no usar la violencia en ningún aspecto existente para hacer al hijo cooperar. También implica buscar alternativas respetuosas de educación, las cuales no generan respuestas inmediatas, como cuando usamos la violencia, pero que desarrollan un aprendizaje profundo y permanente en el tiempo, sin dañar la confianza ni la relación con nuestros hijos, y sobre todo, sin dañar el desarrollo físico e intelectual de nuestros pequeños.


Jessica Carrasco Carrasco