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Hamilton, Niagara, Halton y Peel en Ontario, Canadá

 The first Spanish Newspaper for the regions of Hamilton, 

Niagara, Halton, Kitchener, ​and Peel in Ontario, Canada. 

Diciembre, 2016.- Hace unos días entré a un salón a conversar con una muchacha encargada de una de las actividades que realiza mi hija. Específicamente hablamos acerca de un evento ocurrido en el que mi hija terminó llorando por algo que ella (la muchacha) le dijo. Al salir del lugar, una conocida me preguntó qué ocurría, dado que me había visto charlando con la docente. Al contarle la razón por la que hablaba con la joven mujer, ella me respondió: “¡Pero se te ve tan calmada! Cuando yo tengo que resolver un conflicto, me estreso tanto que, muchas veces, prefiero quedarme callada”. Luego de esto, nos sumergimos en una larga conversación en relación a los porqués de nuestra falta de habilidad para resolver problemas con otras personas y la importancia de encontrar el camino justo en medio del estrés o el silencio: dos extremos que nos llevan a una vida poco saludable en todos los aspectos.

Ciertamente, me tomó mucho tiempo encontrar la fórmula para una comunicación relativamente efectiva, en donde el diálogo fluyera limpio y sin incomodidad para ninguna de las partes. La dificultad para encontrar el camino se debió a que mucho se habla de decir lo que uno siente, pero poco se aclara sobre el miedo que nos corroe y al enorme gasto de cortisol y adrenalina que nos inunda y enferma luego de que abrimos la boca para expresar nuestras emociones... Esto es debido a las escasas oportunidades que tuvimos de expresarnos sin ser castigados y/o burlados durante nuestro crecimiento y a la inhabilidad de expresarse adecuadamente que tenían los adultos que nos rodeaban en la familia, la escuela y la comunidad (por las mismas causas que nosotros). Debido a esto, no pudimos practicar ni aprender de nadie el cómo comunicarnos y expresarnos sin caer en el pánico y/o miedo al castigo y, en muchos casos, optamos por una salida que es aparentemente más fácil, pero que a la larga terminamos pagando tan caro como cuando respondemos desde la rabia, frustración o enojo; me refiero a la represión de los sentimientos.

Un buen ejercicio para retomar y comenzar a practicar nuestra infinita capacidad de comunicación sincera, abierta y clara (capacidad con la que todos nacemos, pero que ha quedado a la espera de ser potenciada), sin caer en el estrés y en el uso de cortisol y adrenalina, es no responder en el momento en que el conflicto está ocurriendo, sobre todo si alguna situación en particular nos ha alterado profundamente, sino darnos unas horas, o incluso unos días, para buscar la mejor manera de expresar lo que sentimos sin herir a nuestra contra parte. De esta manera, podremos hacerlo cuando nos sintamos más tranquilos y confiados en las palabras que hemos elegido. Lo importante es desahogarnos y tratar de encontrar juntos una salida pacífica a nuestros desentendidos, aunque esa salida sea acordar que no estamos de acuerdo. No decir lo que sentimos no puede ser jamás una opción, porque de no hacerlo esos sentimientos no desaparecen, sino que se acumulan y terminan por consumir nuestra salud física y mental. Antes de hablar, dígase a usted mismo lo que va a decir y pregúntese si le gustaría escucharlo de esa manera, si alguien más se lo estuviese diciendo a usted. Esta práctica, con el tiempo, se va interiorizando de tal forma que uno llega a poder responder en el medio de un conflicto sin caer en el pánico y sin usar ninguna hormona por la que tendrá que pagar más tarde.

La represión y la explosión son dos extremos dolorosos en la comunicación, sin embargo son, en general, todo lo que hemos observado y por ende aprendido. Cuando caemos en cualquiera de ellos, siempre terminamos afectando nuestra salud.

En el caso de la escena descrita al principio, decidí tomarme una semana entera antes de ir a hablar con la muchacha que había gatillado el llanto de mi hija. Ese valioso tiempo me dio perspectiva y me regaló la maravillosa empatía que uno siempre necesita para poder resolver dilemas que involucran a dos partes, aunque una de esas partes sean nuestros amados hijos.


Jessica Carrasco Carrasco

Comunicación sin violencia