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Amores a prueba de fronteras

Ángel y Fernando: Una historia de más de 50 años de amor

Ángel Mila, nuestra colaboradora en medicina y entrevistas y Fernando Sande se conocieron cuando eran unos niños en España, en la ciudad de La Coruña, ambos tenían 14 años, se enamoraron y fueron novios desde los 17 hasta los 19. No se imaginaban que pronto habrían de separarse porque Fernando debería viajar a Venezuela y ella se quedaría en España. Él se embarcó en el trasatlántico Begoña y ella, se quedó con su juvenil corazón enamorado y roto.























Pero el amor no respeta distancias ni tiempo. Cartas y cartas comenzaron a ser enviadas durante dos años. Se escribían 7 cartas semanales.

Al cabo de los dos años, deciden que es amor verdadero y que quieren compartir no solamente cartas, sino toda la vida y como en los cuentos de hadas, se casaron. Hicieron su hogar en Venezuela donde tuvieron una hija, Verónica.

Verónica era muy buena estudiante y como premio le permitieron viajar a Canadá  como estudiante internacional y en un intercambio estudiantil para perfeccionar el idioma inglés. Luego se fue quedando en Canadá, estudió High School y Negocios Internaciones en Niagara College, se enamoró y se casó y establecieron su hogar en St. Catharines.

Ángel y Fernando nunca se habían separado de su hija y la decisión de reunión familiar, trajo también a nuestra pareja a esta bendita tierra de libertad que es Canadá. Atrás dejaron amigos, familia, carrera, trabajo y un amado país como es Venezuela envuelto en turbulencias y desorden.

Hoy, tras 56 años de haberse conocido y 49 años de matrimonio, comenta Ángel que no existe fórmula para para lograr un matrimonio tan duradero pero sí hay cosas básicas, que deben existir, o el amor se acaba, comenzando por el respeto.

”El respeto es la base del amor. Lo externo, como la belleza dura poco, pero los valores internos son para siempre. Uno debe ser amigo, amante, compañero, socio, terapeuta, y un poco cómplice en las pequeñas cosas cotidianas. Uno debe dar tiempo al otro para escuchar, acompañar, comprender y respetar. El error que destruye a muchos matrimonios es dar prioridad a otras personas o asuntos y dejar a la pareja a un lado porque ya la siente segura. En el matrimonio, ella o él, no es esclavo, ni empleado, ni nadie es el jefe o el dueño, ninguno puede dar órdenes, ni convertirse en juez, ni la otra persona le pertenece como si la hubiese comprado. Ni el sexo, ni el dinero, ni la belleza unen eternamente a una pareja, pero sí los une el amor que nace de la admiración,  y finalmente, la única voz alta permitida entre un matrimonio es para gritar  ¡TE AMO!”, reflexiona.

Y como un ejemplo de lo que el amor es capaz de hacer en una pareja que lleva más de 55 años junta, les regalamos estas hermosas líneas escritas por Ángel:

Enamorarse y amar toda una vida

Hay enamoramientos  que se encienden, se alborotan, brillan y se extinguen al instante, igual que luces de bengala. Otros, son espectaculares, coloridos y deslumbrantes como fuegos artificiales en el cielo de una noche, pero al terminar la fiesta, pasan. Hay otros que son dramáticos, como relámpago en el cielo y en medio de la tormenta de la vida, cruzan con fuego y con peligro para las gentes y sus casas.

Hay enamoramientos como explosiones de cantera, que rompen las entrañas de la tierra y dejan heridas, humo, polvo, silencio y al cabo de unas horas, nada…

Pero hay  enamoramientos como soles, una energía que da vida y nunca acaba. Hacen amanecer el día, despiertan los seres y las almas. Se elevan sobre los pueblos y las gentes. Llenan de luz y  primavera a los que alcanza.

Este enamoramiento es siempre eterno, y conduce al sentimiento más grande de nuestra especie humana, el amor, esa fuerza callada, constante y generosa que logra el milagro de unir por siempre a los que aman.

Es amor cuando quieres estar siempre a su lado aunque no digas ni palabra.

Es sentir que el mundo se estremece cuando rozas sus manos  o atrapas al vuelo su mirada.

Es decir con el alma y en silencio, lo que tus labios callan.

Es ir tomados de la mano en cada otoño de la vida, como si fuese primavera. Ser cómplices, amigos, socios para emprender, soldados de un mismo bando al luchar, amantes para reproducir amor y compañeros para escucharse y para hablar.

Ser apoyo, respeto y protección, según divino privilegio natural, porque así es el amor, sin condiciones, y es la actitud del que ama de aquí a la eternidad.

Amar es respetar y valorar sin pretender cambiar al ser amado, es comprender y es entregar, es preferir hacer feliz que disfrutar.

Cuando es así, un amor dura igual que el sol, toda una vida, como nuestro amor de 50 años y los que aun vendrán. Un matrimonio así  no es para concluir, sino para empezar…´ Once upon a time´…


Isabel y Eduardo: “El amor fue el faro que señaló siempre el rumbo de nuestras vidas”

¿Quién dijo que veinte años no es nada? Veinte años es toda una vida y cuando se tiene la dicha de vivirlos al lado del ser amado se puede decir que las dificultades se convierten en los peldaños que reafirman la unión y el amor en el matrimonio.

Ejemplo de ello son Isabel Machinandiarena y Eduardo Betti, una pareja de argentinos que llegó a Canadá en septiembre de 2002 con nueve maletas y una mochila llena de esperanzas de encontrar estabilidad y futuro para sus hijos.

Su historia de amor comenzó en 1992 cuando ambos trabajaban en un colegio anglo-argentino. “No fueron tiempo fáciles, teníamos mucho trabajo y algunos viajes a Cardiff, Gales pero con amor y perseverancia pudimos ir superando la montaña de escollos, tanto en lo personal como en lo laboral.  El amor fue el faro que señaló siempre el rumbo de nuestras vidas”, comenta la hoy madre de tres hombres, Maximiliano, casado con Melissa, quienes les han dado dos nietas, Maddison y Briana; Federico, casado con Danielle; y Francisco, quien aún está en Argentina y es padre de Alejandro a quienes ven muy poco, pero mantienen la esperanza que en el futuro se sumen a la familia canadiense.




















-¿Cuál ha sido la prueba más difícil de superar?


“La debacle económica del 2001 en Argentina, esa inquietud ante la desvalorización de nuestros modestos ahorros en dólares, esa necesidad de buscar seguridad en un clima de incertidumbre, la cual nos impulsó a asegurar nuestro futuro en Canadá. En las primeras semanas de recién llegados meditábamos en el paso dado sin compartir nuestros pensamientos por miedo a descorazonar al otro. Ese desafío nos ayudó a solidificar nuestra unión para seguir avanzando en la dirección elegida”, responde Isabel.

250 correos…


Recuerdan que al llegar enviaron más de 250 correos con sus curriculum vitae adjuntos a colegios del Bachillerato Internacional (BI), en Canadá y algunos en EEUU y Europa. Obtuvieron tres ofertas, y tomaron la del Grey Gables School en St. Catharines. Pero las cosas no fueron bien, ya que en el 2007, Grey Gables cerró después de 30 años en el mercado educacional. Revivieron entonces la inestabilidad de Argentina y tuvieron que emigrar de nuevo, esta vez a Suiza donde si bien encontraron buenos empleos, no dejaban de ser emigrantes en busca de un mejor futuro para sus hijos, quienes se habían quedado estudiando en Canadá.

En Suiza, les tocó tomar una difícil decisión. Isabel tenía en puertas un traslado para La Haya el cual debía aceptar si deseaba continuar con la organización, sin embargo sus hijos les insistían en que regresaran a Canadá y el amor infinito hacía ellos se impuso. “Resolvimos priorizar la familia sobre el trabajo y retornamos a este maravilloso país en contra de lo que reza el tango, sin la frente marchita”, como ella acota.  

Ella recibió una oferta de Wheatley School para trabajar como Coordinadora del BI, posición que aún ocupa, y él ingresó como mentor en Ridley College y ahora está enseñando matemática BI.

“No dejar pasar aquello que molesta”


¿Cuál es la fórmula para lograr que una pareja dure y sea ejemplo de amor y matrimonio?


“Mucho amor, paciencia, comprensión, flexibilidad y contención de la pareja. Hablar y no dejar pasar aquello que nos molesta, porque son las pequeñas cosas las que enturbian la paz familiar. Encontrar espacios para compartir momentos y emprender actividades comunes, es algo fundamental para mantener una relación estable y duradera”, responde Isabel.

Mientras que a Eduardo le preguntamos si ¿es el amor la fuerza que lleva a los seres humanos a perseguir y lograr metas, o las metas llegan porque hay amor y buena energía?

“Creo que las metas llegan porque hay amor y eso genera el empuje necesario para perseguir y lograr esas metas, todo en un ambiente de armonía.  El amor es la fuerza que lleva a los seres humanos a vivir en paz, sería difícil vivir una vida sin amor”.

¿Qué le diría Isabel a las parejas que comienzan relación y piensan casarse?


“No miren sólo la apariencia exterior porque eso no es lo relevante. Recuerden que como se lee en El Principito, ‘lo esencial es invisible a los ojos’. Privilegien el buen humor, la generosidad, la comprensión y el diálogo. Eso dura toda la vida y nos da las fuerzas para reír frente a la adversidad y generar acciones positivas para superarla”.

¿Y qué consideras que es fatal en la relación de un matrimonio?


“Ignorar, engañar a la pareja, maltratarla con humillaciones físicas o de palabra. La palabra puede salvar o destruir el alma y el amor. Los pequeños detalles como olvidar cumpleaños o aniversarios también rompen la ilusión, lo mágico en la convivencia”.

¿Cuál es la clave para lograr una unión hermosa y ejemplar como la de ustedes?

“Comprender y compartir, cuidar a su pareja como si fuera una planta, con amor y pequeñas actitudes que fertilizan la realidad cotidiana y recuerden que el respeto es el principio del amor”, puntualiza Eduardo.

Dos meritorias historias de amor que superaron los nostalgias de estar lejos de casa, que afianzan la importancia del respeto para permanecer unidos, que priorizan la unión familiar y demuestran que sí es poble una armoniosa convivencia a lo largo de los años, les traemos en el mes de San Valentin. Se trata de los matrimonios de Ángel Mila y Fernando Sande; e Isabel Machinandiarena y Eduardo Betti.