Diciembre, 2017 - Hace unos días, mi hija y yo conversábamos acerca de las relaciones de amistad que se desarrollan a través del tiempo. Analizábamos cómo, aunque gustábamos de todos nuestros amigos, con algunos de ellos nos sentíamos de una forma y con otros, desarrollábamos otros sentimientos diferentes.

A ella se le ocurrió comparar sus relaciones amistosas con la forma como se siente con sus diferentes tipos de zapatos. Existen relaciones de  amistad del tipo “zapatillas” y otras más parecidas a nuestras “botas”. Algunas son como las “sandalias” y existen aquellas comparables a los zapatos de tacón alto.

Los “amigos zapatillas” son aquellos con los que nos podríamos pasar el día entero ya sea conversando, jugando o compartiendo cualquier circunstancia. No importa lo que hagamos con ellos, uno siempre se siente cómodo, sin preocupaciones, sin miedo y en completa confianza. Muchos de nosotros carecemos de esos amigos, pero mi alegría más grande en ese momento fue comprender que la razón por la cual mi esposo y yo habíamos decidido unirnos
 fue porque nos sentimos así desde el principio. También me di cuenta que había personas en mi propia familia con las que me sentía así y otras por el contrario, no.

 ¡Mi hija estaba feliz de notar que tenía varios amigos zapatillas… y es que con amigos zapatillas uno nunca se siente solo!.

Los “amigos botas” son aquellos que nos gustan mucho, pero de los cuales, de vez en cuando, necesitamos tomarnos pequeños descansos. En el caso de los niños, son esos amigos con los que juegan prolongados tiempos, pero de pronto surgen ciertas desavenencias que les hacen querer separarse. Me di cuenta de que la mayoría de mis amigos eran amigos botas. Me encanta estar con ellos y pasar largos tiempos juntos para luego tomar descansos por periodos también.

Luego venían los “amigos sandalias”. Aquellos, con los que compartimos muchos momentos, pero luego por razones de contexto, ya no se ajustan.  Como este tipo de zapatos que para el invierno o el otoño no son los más recomendables, porque nos queda faltando más abrigo para nuestros pies.  Esos son los amigos con los cuales nos veremos hasta el próximo verano, tal vez los que viven en nuestro país natal.

Finalmente, los amigos “tacón alto” fue la categoría más dura de analizar, pues  nos dimos cuenta que teníamos muchos más amigos de tacón alto de lo que creíamos. Nos atrae estar con ellos porque  porque nos eleva en algunas áreas. Sin embargo, una vez que le vemos, no podemos pasar más de 5 minutos con ellos sin sentir ganas de separarnos, de marcharnos, de estar en otro sitio.

A estos amigos les queremos, les extrañamos si no les vemos, pero en la práctica es suficiente poco tiempo para compartir. Algo no encaja perfecto entre nosotros, pero aún así somos amigos.

En fin, la conclusión para este hermoso análisis fue comprender que no importa qué clase de relación tengamos con nuestros amigos; a todos les queremos, y ellos son necesarios en nuestra vida como los diferentes tipos de zapatos. Lo importante es identificarlos, para no llegar a usar accidentalmente sandalias en invierno (y luego culpar a la sandalia por tener frío), botas en el verano ni tampoco usar  tacones altos cuando lo que necesitamos es correr.

                                                                                                 Jessica Carrasco Carrasco

 

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Amigos como los zapatos

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