Más de diez años informando, uniendo y sirviendo a la comunidad hispana de las regiones de

Hamilton, Niagara, Halton y Peel en Ontario, Canadá

Septiembre, 2015.- Llegó puntual a nuestra entrevista. No nos conocíamos, pero al instante se hizo sentir simpática y familiar. Con rasgos de Europa y América y esa fuerza creadora de la mujer latina para quien no hay tarea que no pueda emprender con éxito, comienza la entrevista contándonos que nació en Popayán, Colombia y vive en St. Catharines desde 1982.

-¿Cómo es tu entorno familiar?

“Estoy casada con Peter Clifford, de profesión bombero, quien ha estado a mi lado por 32 años y he sido bendecida con dos hijos quienes son todo para mí, Sean Pierre Clifford, ingeniero aeronáutico espacial y Natassia Maria Clifford , socióloga y gerente de recursos humanos. Myriam Pérez de Lanzi, mi madre, era colombiana y mi padre, Antonio Lanzi  Sciole era italiano”.

-¿Qué recuerdos tienes de tu vida en Colombia?

“Viví en Colombia hasta los 13 años. Mis padres tenían una granja, ganado y cultivos. Recuerdo una infancia muy bonita en el campo, y montando a caballo. Me encantaban los animales. Estudiaba en Tunia y en Popayán.

Cuando cumplí 13 años mis padres decidieron emigrar a Venezuela, a Valencia Estado Carabobo. Mi padre creó allí una fábrica de plásticos.  ¡Siempre íbamos de vacaciones a Italia y a Colombia. Fue hermoso!”

-¿Cómo recuerdas tu llegada a Canadá?

“Llegamos a St. Catharines, mi hermana Adelina Lanzi y yo para estudiar inglés como segundo idioma, por fortuna, a casa de un tío nuestro, italiano.  Primero fui al Centro Multicultural y luego a Brock University. Tuvimos las dificultades comunes en estos casos. El idioma, el frío etc. Nosotras nunca habíamos tomado autobuses, pero aquí nos tocó aprender a hacerlo eso y fue una suerte, porque 4 días después de haber llegado a Canadá el destino me tenía guardada la sorpresa más linda que fue conocer a quien sería mi esposo. También hice nuevas amistades en poco tiempo que nos ayudaron muchísimo a quienes siempre les estaré inmensamente agradecida.

El idioma lo aprendí rápido en la urgencia de poder comunicarme con mi media naranja. Al año siguiente mi novio me propuso matrimonio y nos casamos en Venezuela para luego regresar de Nuevo a Canadá”.

-¿Cómo recuerdas ese tiempo, al iniciar una nueva vida?

“Cuando nos casamos, en 1983, nos fuimos a vivir a London Ontario, allí no tenía amistades ni familia, estaba comenzando mi vida desde cero, allí nacieron mis dos hijos ¡Fue difícil!

Con el pasar del tiempo volví al área del Niagara, donde me ofrecieron dar clases de español para adultos en las noches y lo hice por el período de 1991 al 2009. En el 2000 comencé a dar clases de español en el Niagara College”.

-¿Cómo llegas a dar clases de español e ingresar en un área tan interesante?

“La presidenta en ese entonces del Club Latinoamericano, María Aranda, me invitó a dar clases para la escuela de español los sábados en St. Catharines, lo cual hice con mucho entusiasmo durante 9 años. Mis dos hijos asistieron a la escuela también.

Llegué a ser la presidenta del Club y comencé a congregar la comunidad para que participaran en los <open houses> con presentaciones creadas por nosotros mismos y traté de que el club creciera más y se hiciera más sólido”.

Su afán: ayudar al recién llegado

Adriana nos cuenta con mucho detalle toda su conmovedora trayectoria en su afán por ayudar al recién llegado a Canadá y lo realiza desde su profesión como Traductora de la Corte de Canadá (Minister of Attorney General), y como fundadora de la Organización de Latinos Inmigrantes de la región del Niagara (LINCA).

-¿Por qué decides que debes ayudar a la comunidad y cómo lo haces?

“La idea nació en 1999. Como intérprete certificada y graduada con honores del Niagara College. Atendiendo casos de inmigración, entendí que era necesario crear una organización que integrara a los recién llegados y darles una mano en cuanto a soporte, asesoría, orientación, ofrecerles calor humano y donarles cosas indispensables.

Como intérprete independiente y de la Corte he tenido la oportunidad de conocer muchas personas. Fue muy impactante para mi escuchar lo que ellas (que venían a aplicar por refugio), habían vivido y por lo que habían pasado para poder llegar hasta Canadá.

En diciembre de 2004 llegaron miles de refugiados al cerrarse la frontera y pasábamos días enteros traduciendo y tratando de ayudar a la gente nueva a que obtuvieran sus papeles.

El 24 de diciembre fui con uno de los abogados de inmigración (John Jurmain) con la idea de trabajar sólo 4 horas; esa fue también la condición que puso mi familia debido a los preparativos de nuestra fiesta navideña.  Así que llegamos a las 9 de la mañana, pero salimos a las 5 de la tarde. Las colas de familias que estaban aplicando por refugio eran interminables. Cuando llegué a mi casa, extenuada, mi familia simplemente me abrazó y sin ningún reproche por no estar con ellos participando en los preparativos para la cena de Navidad, me atendieron como una reina.

11 años más tarde aún tengo contacto con algunas familias a las que ayudé durante esos días. Hoy me enorgullece verlos realizados, trabajando, dueños de sus propias casas y negocios. Recuerdo a profesoras de la escuela de español a quienes yo tenía que recogerlas los fines de semana para que pudieran dictar sus clases porque no tenían vehículos y hoy en día trabajan para el YMCA, en guarderías, y diferentes agencias del área lo cual me enorgullece por lo bien que están ahora en nuestra comunidad. Por esa odisea he visto pasar doctores, políticos, campesinos, enfermeras, diseñadoras, músicos y en general gente muy linda que han dejado recuerdos inolvidables en mí”.

-¿Algo que te haya marcado?

“Decir adiós a las personas que no son aceptadas en Canadá y tienen que regresar a su país de origen ¡me parte el alma!”

-¿Un héroe?

“¡Mi padre! Un inmigrante italiano que salió de su país por razones de la guerra y el desempleo.  Llegó a Colombia, luego a Venezuela. Comenzó a trabajar en construcción en la época de Pérez Giménez. Fue carnicero, actor, camionero, aprendió del negocio avícola, ganadería y cultivos y terminó como empresario en Valencia, Venezuela, siendo dueño de una empresa de plástico, contando con una nómina de 75 empleados”.

-¿Crees que nuestra comunidad trata de conservar sus raíces lingüísticas o piensas que tal vez desaprovecha las posibilidades, incluso gratuitas, que existen para no olvidar o aprender nuestro idioma?

“Algunos sí quieren aprovechar las oportunidades, motivan a sus hijos a mantener el idioma y que se sientan orgullosos de su cultura y sus raíces; pero hay otro grupo al que no les interesa. Es muy triste, porque el español es uno de los tres idiomas más importantes a nivel mundial.

Mis hijos, hoy me agradecen que les haya motivado a aprender el idioma y hayan sido parte de la organización colaborando y aprendiendo de la cultura latina en Canadá”.

-¿Metas?

“Mi meta es y seguirá siendo que la comunidad latina siempre esté presente en los medios de comunicación y que se sienta la presencia de nuestra cultura en todo ámbito. Mi lema es: “Sí se puede. La unión hace la fuerza”.

Entre sus muchos reconocimientos, cabe señalar el otorgado por el alcalde de La ciudad de St. Catharines por su importante contribución al bienestar de la ciudad, el certificado de reconocimiento a los voluntarios por parte del Miembro del Parlamento Provincial Jim Braadley y también por parte del miembro del Parlamento, Rick Dykstra. Asimismo en años anteriores, el Ministro de Inmigración reconocería con certificado su labor como voluntaria, a través del honorable Mike Colle en Toronto.

Excelente representación de la mujer latinoamericana, incansable luchadora con ideales profundos de superación para su entorno y su comunidad. Éxitos y gracias por su generosidad  y sus palabras.


Angel Mila

 

.

 

 

 

 

 

 

Adriana Clifford demuestra que “sí se puede” 

 The first Spanish Newspaper for the regions of Hamilton, 

Niagara, Halton, Kitchener, ​and Peel in Ontario, Canada.