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Niagara, Halton, ​and Peel in Ontario, Canada. 

Junio, 2016.- Recuerdo los gritos en casa, por una u otra cosa que los niños olvidábamos. En ese minuto, uno se sentía triste e incapaz, porque la verdad es que uno no recordaba qué es lo que le habían dicho, o al menos recordaba sólo parte de ello. Pero, ¿Por qué?

 Una pelota de mi hija andaba dando vueltas en el living de la casa. Yo le pedí que la llevara a su habitación o la pusiera dentro de un pequeño mueble que tenemos destinado para sus cosas. “Yo la quiero en el living”, me respondió. Comencé a tratar de explicarle que el living no era lugar para pelotas, pero en ese momento sus ojos se llenaron de lágrimas, mientras me decía: “Yo la quiero aquí, para poder jugar con ella todo el tiempo”. Noté su genuina tristeza y mi falta de argumento, pero sobre todo, que no era el momento para discutir reglas, pues estábamos a punto de salir de casa para dirigirnos a uno de sus programas. Le dije: “Hablaremos de esto más tarde, mi amor. Por ahora deja tu pelota donde está”. “Ok mamá”, me respondió.

Durante el camino al programa, reflexionaba en relación a lo recién ocurrido. Ya varias veces mi hija y yo habíamos conversado de este tema, que es básicamente una regla que tenemos en casa. La regla consiste es que los tres (papá, mamá y ella) tenemos espacios destinados para nuestras cosas; cada cual tiene su propia habitación en donde mantiene sus posesiones, pero el primer piso de la casa pertenece a los tres; por eso allí mantenemos todo lo que los tres utilizamos, incluido un mueble que contiene juegos de mesa. Ella sabía esto, pensé. ¿Por qué insiste en tratar de romper esta regla, regando sus juguetes en el primer piso? Sabiendo de la inocencia de mi hija, decidí comprobar algo que sabía, pero que por primera vez iba a aplicar a ciencia cierta, y es lo siguiente: “Mi hija recuerda la regla, pero no las razones de ésta”. Esto es debido a que su hipocampo aún no está lo suficientemente desarrollado como para recordar tanto. El hipocampo es aquella parte del cerebro encargada de almacenar la memoria explicita, es decir, los hechos que podemos narrar con objetividad. Sin embargo, esta área del cerebro no termina de desarrollarse hasta entrada la adultez. Es más, aun en la adultez continua su desarrollo. Por ello es lo poco que podemos recordar nosotros mismos de nuestra infancia, sobre todo de los primeros 5 años. Este fenómeno es conocido como “amnesia infantil”.

Aún en el auto, decidí volver a hablar del tema: “Hija, la razón por la cual no tenemos juguetes regados en el living es porque papá, tú y yo tenemos una pieza para mantener nuestras cosas. El living pertenece a los tres y es ahí donde también recibimos a nuestras visitas. Por ello nos gusta mantener ese lugar despejado, para que todos podamos caminar sin tropezarnos con algo que esté tirado. También porque los tres nos sentimos mejor cuando este lugar está ordenado, y nos podemos sentar en los sillones sin sentir una muñeca debajo (aquí hice un chiste con ello). Pero si hay algo que para ti es importante mantener abajo, para ello tenemos destinado el mueble (aquí mencioné cuál), en donde puedes poner algunas de tus cosas”.

Ella escuchaba y asentía a todo lo que le decía. Luego comenzó a hablar de cómo le gusta que su habitación luzca, y cómo a veces le gusta que esté ordenada y otras no. Yo le comentaba que, justamente para eso, ella tenía su espacio: para que practicara sus gustos.

Cuando llegamos a casa, pusimos la pelota dentro de su mueble sin que hubiese discusión alguna; ella había internalizado nuestra regla nuevamente. Pero, ¿hasta cuándo? Eso nunca se sabe, pues cualquier día de estos me encuentro con algunos de sus juguetes en el sillón o en la mesa. Sin embargo, en vez de decirle: “¿Cuántas veces tengo que repetirte lo mismo?”, tomaré su mano tranquilamente y le repetiré todo con la paciencia y consistencia que su corazón de infante necesita.


Jessica Carrasco

“¿Cuántas veces tengo que repetirte lo mismo?”